El Callejón del Muerto: la última confesión
En tiempos de la Colonia, el barrio de Santo Tomás Xochimilco, donde se asentaron los artesanos textiles con la creación de la ciudad de Antequera allá por 1521, se unía a la capital del estado por amplias calles e innumerables callejones de piedra aprisionada con tierra.
Sin alumbrado público ni domiciliario, las calles por las tardes-noches eran vigiladas por los llamados serenos, vecinos de los barrios que recorrían solitarias callejuelas portando faroles y anunciando a gritos la hora que corría. “¡Las doce y serenooooooooo¡”