Cuentos e imaginación
Mientras mi abuela confeccionaba la ropa en las telas llevadas por sus conocidas en su labor de modista, solía relatarme cuentos; ella decía que se los había grabado desde niña. Recordaba tener 11 años de edad en 1922, cuando vivió en Salina Cruz, Oaxaca. Allá tuvo una amiga, una niña a quien sus padres sí enviaban a la escuela mientras mi abue no tuvo la posibilidad de estudiar. Sin embargo, en las tardes, aquella niña le leía cuentos de un librito que tenía.