Acoso de narcotraficantes ha orillado a los niños a enfilarse en la policía comunitaria para apoyar en la defensa de sus tierras
Desde una camioneta, Bernardino Sánchez, líder de una autodefensa campesina, lanza arengas que condensan el grito desesperado de Ayahualtempa, una comunidad del sur de México atrapada entre el abandono estatal y el acoso de narcotraficantes.
"¡Vivan las compañeras viudas! ¡Vivan los niños huérfanos! ¡Vivan los compañeros desplazados! ¡Vivan nuestros hermanos caídos!", grita Sánchez mientras avanza por caminos de tierra de esta población del estado de Guerrero.