Los peligros de la superstición
Minia fue llamada así en honor a Santa Herminia, patrona de la aldea donde vive. Las pocas veces que sonríe es porque alguien recalca su parecido con la divinidad; ambas pálidas, lívidas y de semblante melancólico. Desde su llegada a la parroquia, aquella figura de cera recibe el trato de una verdadera reliquia, como si realmente se tratara del cuerpo incorrupto de una joven que representa la inocencia y el martirio, cualidades veneradas por la religión católica que profesan todos en el lugar.