Semejanzas latinoamericanas
Había una vez, hace mucho tiempo, cuando todavía podíamos salir a la calle sin miedo a perder la vida, existía un Oaxaca, que durante las dos últimas semanas de julio, bullía de algarabía, gozo, calendas, música, colores, máscaras, cohetes, danzas y un largo etcétera. En aquellos días, las calles se encontraban repletas de vida y la verbena parecía no terminar, con llenos absolutos en todos los eventos organizados. Eso sí, pagado por el Gobierno del Estado, representando éstas, las fechas de mayor derrama económica para la ciudad.