Colectivo Cuenteros| Brujas
Rentaba un cuarto en la azotea de un edificio. Me chocaban las otras inquilinas: no me gustaban sus cumbias, gritaban al hablar y siempre teníamos problemas por la limpieza. Lo más denigrante era compartir el baño con ellas. Yo, que había tenido un jacuzzi para mí sola.
Prefería la compañía de las palomas; les platicaba, les daba de comer. Hasta que una noche las encontré picoteando mi comida, cagando mi cama. Quise sacarlas y me atacaron, así que les eché cubetadas de agua. Con tanta vuelta al lavadero y tanto frío, agarré una pulmonía.