Esta nota me hizo recordar la época en la que no tomaba entre las manos, ni por equivocación, un libro que tuviese tantas letras, pues prefería aquellos con letra grande e ilustraciones.
El pan es el alimento por excelencia, la metáfora perfecta de la saciedad. La religión utiliza su figura para representar el cuerpo de su principal mártir y la súplica del sustento: el pan nuestro de cada día.
Ana Tapia tiene clara ventaja respecto a otros narradores: cuenta entre sus familiares, o al menos eso dice la dedicatoria, con un tío abuelo que fue devorado por un tiburón de camino a Cuba