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MISCELÁNEA: Nuestro padre, Bartolomé de las Casas

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo Pino

 

“La guerra contra los indios, que vulgarmente llamamos conquista, es impía y anticristiana de por sí. Pues no hay motivo para hacerles la guerra, ni nunca en tiempos pasados cometieron contra nosotros un delito digno de la guerra, y menos porque ellos eran desconocidos en nuestros territorios”, le contestó Fray Bartolomé al cronista del rey, Juan Ginés de Sepúlveda, que sostenía: “esos bárbaros llamados vulgarmente Indios, de cuya defensa pareces haberte encargado, (…) (su) condición natural es tal que deban obedecer a otros, si rehúsan su imperio y no queda otro recurso, sean dominados por las armas; pues tal guerra es justa según opinión de los más eminentes filósofos”.

El primer y férreo defensor de los indígenas americanos, Fray Bartolomé de las Casas -el primer sacerdote ordenado en América-, nació en Sevilla, en el año de 1474; fue obispo de Chiapas, donde fue considerado por los naturales de ese territorio “padre y protector de los indios”.

Escribió una dilatada obra en favor de los derechos de los aborígenes, plena de optimismo en los valores humanos y la suprema dignidad de hombres y mujeres de estas tierras. Entre los textos que produjo, destacan: Historia de las Indias (1502-1552), Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión (1536), Apologética Historia de las Indias (terminada en 1552) y quizás el más conocido de todos: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, publicado en 1552. 

José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba y de la causa de Nuestra América, la Patria Grande, destacó al padre De las Casas como un precursor de la liberación del continente y alabó “su medio siglo de pelea, para que los indios no fuesen esclavos; de pelea en las Américas; de pelea en Madrid; de pelea con el rey mismo: contra España toda, él solo, de pelea”.

Por su parte, nuestro inmaculado patriota, el ya casi olvidado Fray Servando Teresa de Mier, gran conocedor de la historia y obra de don Bartolomé –ya que leyó y estudió el archivo lascasiano– pidió que se levante una estatua de Bartolomé de Las Casas: “¡Americanos! La estatua de este santo falta entre nosotros. Si sois libres, como ya no lo dudo, la primera estatua debe erigirse al primero y más antiguo defensor de la libertad de América. Alrededor de ella formad vuestros pactos y entonad a la libertad vuestros cánticos; ningún incienso puede serlo más grato. Yo pondría ésta o semejante inscripción: Para si amas la virtud, / pasajero: esta es su imagen. / Venera a Casas, que fue / de nuestros Indios el Padre”. 

La vida y obra de fray Bartolomé de las Casas han dejado una huella imperecedera en nuestra memoria colectiva, sobre la primera invasión a América.

 

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