Correrías de nahual: el error
Salimos de aquel pueblo costero que nos vio nacer, con la ropa pegada el cuerpo por el sudor de días y con lo poco de pudimos en las manos; atrás dejamos los anhelos de tener hijos, en ese cementerio de la memoria cuyos ecos a veces nos alcanzan mientras dormimos. Doña Prisca contaba mientras sus manos espulgaban el frijol plagado de gorgojos.