Quien trabaja para generar conocimientos es un verdadero amante de la sabiduría, un auténtico filósofo, porque sabe que sólo él es capaz de transformar vidas y encauzar la historia. Amar el saber es amar también al prójimo, es la capacidad de ver reflejada una labor personal en la riqueza humana heredada al otro; esa es la vocación que mueve al auténtico Maestro.
Ser maestro es un arte, una profesión y una vocación. Un arte porque cada grupo, cada niño, necesita una variación, un ajuste y una atención personal, que exige sensibilidad, flexibilidad y originalidad.