Cuilápam, crónica de una traición anunciada
La mañana del 14 de febrero de 1831, frente al pelotón de fusilamiento, el General Vicente Guerrero pidió a los soldados que le apuntaban con sus fusiles, defender siempre el cuerpo de caballería, a la independencia de la nación y la religión de nuestro señor Jesucristo. Frente a los gruesos muros del ex convento de Cuilápam, se volvió a leer la sentencia para evitar el sentimiento de culpa entre los uniformados realistas.