Ladrilleros, los hombres del humo negro
Cuando Pedro mira al cielo es para corroborar que está despejado de nubes y no tendrá que correr para levantar las decenas de bloques de lodo que ha alineado en el piso desnudo para que se sequen antes de pasar 22 horas en el horno de ladrillos. En lo que menos piensa es en la calidad del aire.
Si la autoridad municipal de Santa Lucía del Camino atendiera la “invitación” que le formuló la Secretaría del Medio ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable (Semaedeso) de suspender la actividad de los 101 hornos ladrilleros que ahí operan, Pedro se pregunta: “¿Qué vamos a comer?”.