Trabajadores de limpieza, repartidores de gas, agua, refrescos... abarroteros y hasta quienes compran colchones viejos o venden tamales, no han dejado de salir a la calle en busca del “pan de cada día”, pese a la emergencia por COVID-19.
Muchos son los que aún no creen en los riesgos de contagio y la gravedad que representa la pandemia que alcanza ya más de 70 mil muertes en el mundo y más de un millón de casos confirmados, pero otros no tienen más remedio, ya sea porque sus empresas se lo exigen o porque su servicio es necesario en estos momentos de emergencia.