La ruta de los milagros
Hace frío en Santa Cruz Nexila. El gallo canta cuando los peregrinos encienden sus lámparas. Son las tres de la mañana.
Guardan sus cosas y reanudan el camino al santuario de la Virgen de Juquila.
Las ampollas molestan y las piernas duelen, pero al paso de la marcha entran en calor. El aire pega en los rostros y las manos se entumen.
El silencio se interrumpe cuando un camión frena con el motor y los perros avisan de la presencia de los extraños.