Hace frío en Santa Cruz Nexila. El gallo canta cuando los peregrinos encienden sus lámparas. Son las tres de la mañana.
Guardan sus cosas y reanudan el camino al santuario de la Virgen de Juquila.
Las ampollas molestan y las piernas duelen, pero al paso de la marcha entran en calor. El aire pega en los rostros y las manos se entumen.
El silencio se interrumpe cuando un camión frena con el motor y los perros avisan de la presencia de los extraños.
La primera parada es El Vado, donde los peregrinos toman un café y pan, antes de iniciar el ascenso al cerro del Obispo.
Gabriela García Cruz se toma un descanso en la cumbre.
El milagro
Gabriela García Cruz es testigo del poder de la virgencita: “Salvó a mi esposo de morir”.
Raymundo Camerino enfermó y los doctores le decían que solo un milagro podría salvarlo.
Mientras sube por el camino rocoso del Obispo y la tierra roja en La Colorada, Gabriela avanza al lado de su hija Vanessa, de 10 años de edad.
Ella estaba embarazada de su hija cuando Raymundo fue desahuciado. Llevaba tres meses en cama.
“Estaba desesperada, porque el oncólogo no daba esperanzas”, recuerda, mientras camina agitada por el esfuerzo de la pendiente.
Uno de sus familiares le dijo que pidiera a la Virgen de Juquila por la salud de su esposo, y prometió que, si se curaba, caminaría hasta su santuario.
Diez años después, Gabriela no ha dejado de visitar a la virgencita cuando se acerca su fiesta.
Víctor Aquino muestra los estragos de la caminata.
Acompañada de familiares y amigos, salió de Santa Lucía del Camino y, a dos días de su travesía, está en Las Cruces, en lo más alto de La Corolada, antes de bajar hacia Sola de Vega.
Raymundo Camerino también va en peregrinación, pero su misión es conducir la camioneta y cuidar a su hijo de once meses de nacido.
El descenso es menos complicado, aunque cuida de no caer, pues un error le puede costar un fuerte golpe.
Inocencia en La Colorada.
Un trago de Tobalá
En la vereda, una enramada recibe a los caminantes con aguas, refrescos, huevos al comal, tasajo, quesadillas y mezcal, todo a precio de oro.
“Tiene Tobalá (mezcal)”, pregunta Rodrigo Zaragoza sentado en una tabla sostenida por un par de troncos.
“No, ya nos lo acabamos”, responde entre risas Francisco Martínez; tenemos del barato, pero igual de bueno.
El maguey del que producen Tobalá está escaso, y lo poco que producen es caro.
Adelante camina David Zaragoza, que en la espalda carga una vela que encenderá en Juquila y llevará a su casa para situaciones de apremio.
Y es que sabe de los milagros de la virgencita, pues su hija de tres años ingirió veneno por equivocación.
“Cuando la vimos tenía los labios y las uñas moradas, y estaba inconsciente”, recuerda y asegura que pidió a la Virgen que la salvara y así fue.
Brinca las raíces de los árboles, las piedras y sigue el estrecho camino de hojarasca al lado de Jorge Mayoral y Octavio Murcio, sus compañeros de peregrinación.
Ángel, de nueve años, se apoya de un bastón para descender.
Después de seis horas llegan a Sola de Vega, donde los caminantes toman un baño en el río, se hidratan y comen.
Aún falta la mitad del recorrido hacia el Ojito de Agua, aunque otras personas dormirán en Los Reyes o continuarán a los Morales.
El ascenso a la cumbre no es fácil, pero cada quien sube a su paso.
David Zaragoza vivió en carne propia el milagro de la virgen.
Entre peregrinos "decanos"
Rodrigo Zaragoza alcanza Víctor Ignacio Hernández, quien lleva más de 20 años caminando a Juquila. Con él van más de 20 peregrinos que salieron de San Juanito y se dirigen a los Morales.
Carga una capilla de madera y con él camina su hijo Ángel de 9 años, quien lo hace con las rodillas vendadas.
“Le gusta caminar (a Ángel), pero debe aprender a disfrutar el trayecto, no puede maldecir o renegar, porque la Virgen lo toma en cuenta y te hace pesado el andar”, asegura Víctor quien camina desde los 10 años de edad.
El descenso es complicado porque las piedras están sueltas. Varios peregrinos caen y se lastiman, como le ocurre a David Zaragoza. Pero se levanta, sacude y continúa.
En uno de los cruces de la carretera, peregrinos regalan bolsas con una torta, un jugo y un par de mandarinas.
El Practicante (luchador profesional) recibe la bolsa de un niño, y como agradecimiento, el gladiador saca de su mochila una máscara.
El pequeño se asombra y agradece, mientras sus familiares reconocen el gesto con aplausos. Una fotografía sella el momento.
El Practicante regala su máscara.
“Viste la cara del niño; es una satisfacción indescriptible”, comenta El Practicante conmovido hasta las lágrimas.
El Ojito de Agua
En el Ojito de Agua, donde el líquido brota entre las piedras y aseguran apareció la Virgen de Juquila, los peregrinos tienden sus petates o bolsas para dormir. Están a medio camino del santuario.
Unos se refrescan en el río, otros a jicarazos y algunos con manguera. El agua está fría, pero relaja el cuerpo molido de los peregrinos.
En los árboles que están cerca del nacimiento de agua, los viajeros dejan testimonios de la fe que profesan a la Virgen. Cruces, rosarios, lonas, fotografías, veladoras y monedas dan cuenta de los milagros.
En el lugar donde David, Rodrigo, Erick, Pablo, Octavio, Jorge y Víctor pasan la noche, un roedor se pasea sin pena.
Sólo se escucha el silbido de los árboles, uno que otro grillo y el inquilino que deambula en busca de comida.
Hay quienes comen, otros descansan.
Inusual, los aventureros cierran los ojos antes de las siete de la tarde, porque su jornada aún no termina.
En medio del cerro, abastecimiento a precio de oro.
PAISAJES QUE ENAMORAN
La travesía inicia en Santa Cruz Nexila a las cuatro de la mañana y concluye en el Ojito de Agua a las cinco de la tarde. Ascienden dos cerros: El Obispo y el de La cumbre, con más de 50 kilómetros de recorrido.
Árboles cubren del sol a los peregrinos que aprovechan los miradores naturales para disfrutar de las montañas de Oaxaca.
Cruzan ríos y arroyos que sirven para refrescarse.
“Los árboles no se mueven si no avanzas.”
Víctor Aquino
"no puede maldecir o renegar, porque la Virgen lo toma en cuenta y te hace pesado el andar”
Víctor, con más de 10 años de peregrinaje anual
Peregrinos de San Juanito.
