“¡Acordamos seguir vivas!”
Un primer pensamiento pasó por su mente. Se miró tirada en medio de un charco de sangre, su cuerpo era marrón como aquel color que toma la piel sin vida. Quizá los labios morados, lacerada. Una voz le susurraba al oído “hasta aquí llegaste”.
Del lado derecho del cuello el cuchillo, del izquierdo la mano de su pareja presionando su tráquea. ¡No!, se dijo así misma. No sería una víctima de feminicidio. “Sonia”, decidió vivir.