La muerte llega... rápida y veloz
“La velocidad no deja nada bueno”, así relata Alejandro su experiencia como motociclista.
A los 18 años aprendió a manejar una moto de su vecino, quien había conseguido trabajo como repartidor de tortillas.
Alejandro aprovechaba el tiempo de comida de Óscar, quien le facilitaba la motocicleta para que aprendiera a manejar.
Las polvorientas calles de la parte alta de la agencia de Pueblo Nuevo fueron testigos de varias caídas de Alejandro, quien nunca resultó herido.