El insólito viaje de 273 cadáveres por Guadalajara
Aquella tarde, la pipa de marihuana le supo raro a Martín Alonso. “Me estaba dando el primer toque y hasta cambió el pinche aroma de la mota. Dije ¿qué pedo? Y es que en la calle olía bien gacho”. Para no molestar a su hija de tres años, Alonso, de 30, había salido a fumar a la puerta de su casa, un zulo en ruinas como el de la mayoría de sus vecinos. Extrañado, dejó la pipa y siguió el rastro de la peste.