¡Lo entierran vivo y sale de su tumba para contarlo!
En el último puño de tierra que caía sobre su rostro clamó a Dios en silencio: "¡Que no se den cuenta que sigo vivo!, ¡que terminen de enterrarme ya para que se vayan!" pensó mientras respiraba inmóvil apretando los dientes para no ahogarse con la tierra. Era la noche de un 24 de enero del 2010. La noche más negra de su vida. La noche en que sintió morir tres veces. La noche en que renació.