Fentanilo, el nuevo tesoro de los cárteles en México
En el verano de 2005 las alertas epidemiológicas se encendieron en Chicago. De toda la zona metropolitana llegaban reportes de usuarios de heroína muertos por sobredosis fulminante y las cifras rayaban en lo inédito. Tres fallecidos en un día. Cuatro al siguiente. Seis en una semana. Para septiembre, la morgue del condado de Cook, al que pertenece Chicago y uno de los más poblados de Estados Unidos, estaba saturada con 152 cadáveres que llenaban los frigoríficos con una causa de muerte similar: paro cardíaco súbito por abuso de estupefacientes.