Coetzee, tras aires de libertad
CIUDAD DE MÉXICO.- Bajo la sombra, en un edificio contiguo, John Maxwell Coetzee escruta a la fila de académicos que están por entrar al auditorio principal de la Universidad Iberoamericana. Los divide un pasillo de sol intenso que hubiera resultado insoportable bajo su toga negra y la estola rojiblanca.
Donde sea que el Nobel de Literatura sudafricano haya escrito el discurso de aceptación del doctorado honoris causa que lo convocó, ofrecido por seis instituciones del Sistema Universitario Jesuita, ya imaginaba la escena.