Migrantes de Oaxaca, décadas de abrazos reprimidos
Los ancianos bajaron del avión con la esperanza de ofrecer los abrazos que se guardaron por décadas; el caminar ahora es lento y la vista cansada, han pasado 25 años desde la última vez que estuvieron cara a cara con sus dos hijas.
Rufo, de 83 años, y Dominga de 80, no pudieron contener las lágrimas luego de los abrazos, las manos más pequeñas eran desconocidas para la vista, pero no para la sangre, eran sus seis nietos quienes los rodearon.