Morir en tiempos de COVID-19 en Oaxaca
Chabelita era una mujer querida, le gustaban las fiestas y como toda buena oaxaqueña bailaba al ritmo de los sones y jarabes, fue por eso, que en su último adiós su familia no le negó este gusto.
Desde el reposo en el ataúd café nogal, el cuerpo de la mujer sintió el retumbe del júbilo hecho melodía en las notas del “Jarabe del Valle” aquél que en Oaxaca acompaña vida y muerte, alegría y tristeza. Los presentes no lo dudaron y comenzaron a bailar al rededor del féretro con esos pasitos oscilantes, de un lado a otro, entre brinquito y brinquito que requiere el fandango.