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Vivir en Armonía: Palabras

Una imagen conceptual con letras de madera sobre una superficie, representando la simplicidad y complejidad de las palabras para la comunicación y armonía.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Dr. Servando Nava Echeverría / Colaborador

Hay sonidos que se convierten en algo tangible, comprensible, los escribimos, los escuchamos y esa transformación física y psicológica son las unidades o símbolos del lenguaje, que representan, en ocasiones nuestra realidad; en otras circunstancias, las palabras son ficciones o inventos de la mente. Esos sonidos con formas audibles o escritas, son nuestros pensamientos, nuestras ideas, acciones, condiciones o cualidades; y a través de estos símbolos nos comunicamos.

Las palabras pueden ser tan simples o tan complejas y sus morfemas (raíces) connotan su contenido o la pretensión que deseamos comunicar. Desde el punto de vista gramatical pueden ser palabras con acciones como los verbos, o sustantivos como los objetos; otras palabras le dan al objeto sus características o cualidades: los adjetivos, Y hay palabras para unirse entre ellas. El Diccionario de la lengua española la define de la siguiente manera: “…En Gramática tradicional, una palabra con frecuencia se define simplemente como una unidad de significado que se separa de las demás mediante pausas potenciales en el habla y blancos en la escritura…”.

Pero hoy no he venido a dar una clase de Gramática o de Fonología. Quiero compartir con ustedes la trascendencia en el uso de las palabras. Desde tiempo inmemoriales, el ser humano creó las palabras o su conjunto: el lenguaje, para transmitir sus emociones, sus necesidades, sus imperativos o exigencias, sus solicitudes o ruegos, de tal manera, que las palabras adquieren sutileza para una comunicación asertiva, vehemencia para vincular la emoción (alegría, enojo, frustración dolor, hambre, coraje, amor, admiración, rechazo, etc). 

Hay palabras que enaltecen, hay palabras que matan, otras amenazan y muchas nos consuelan. Aquí lo importante es tener presente que utilicemos las palabras más adecuadas, más apropiadas, cuidadosas, para lograr una correcta comunicación y no lastimar al escucha. Hay palabras como dardos, como cuando le colocamos un apodo a una persona que la lastima o hiere y esas palabras, frecuentemente se queda para siempre. Apodos que describen la parte no muy agraciada de la persona y cada mención es recordarle ese defecto o característica. Tengo compañeros de la secundaria que hasta la fecha se les quedo el apodo hiriente.

Hay palabras positivas que nos exaltan, como cuando las usamos para expresarle reconocimiento a una persona por sus actos, logros o sus talentos. En el mundo de la diplomacia, las palabras se usan con un cuidado extremo, una sutileza en el tono de la palabra puede desencadenar el conflicto. Las palabras cuando se hermanan forman frases y muchas de ellas cambiaron la historia del mundo y se quedaron para la eternidad. A manera de ejemplo, recordemos:

"No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor", la icónica frase de Winston Churchill en 1940, en plena guerra mundial, o la inolvidable: "Tengo un sueño" (I have a dream) expresada por Martin Luther King Jr. en 1963 en la crisis de racismo en Estados Unidos. Como no recordar "Sólo sé que no sé nada" de Sócrates reduciendo el conocimiento a la humildad intelectual, o la famosa frase "Pienso, luego existo" (Cogito, ergo sum) de René Descartes en 1637, expresión que sustenta la base del racionalismo moderno.

Las palabras se amontonan, se aglutinan se ordenan, se plasman de la mano del pensamiento para construir libros, muchos inolvidables, de orden científico, novelístico, imaginativos, filosóficos, históricos, con la intención de alcanza el bien de la humanidad. (Ahora que está de moda no dejen de leer el libro de Maggie O’Farril: Hamnet). Imposible seria mencionar la cantidad de libros que enfilaron al mundo al camino de la superación y del bien; pero también hay libros malignos como Mi Lucha (Mein Kampf) de Adolf Hitler publicado entre 1925 y 1926 y que su contenido y propuesta, finalmente desencadenó la II Guerra Mundial, que duró 6 años, donde murieron más de 70 millones de personas y que con tanta facilidad se nos ha olvidado.

Me encanta escuchar esta canción maravillosa de Mari Trini y Los Panchos grabada en el 2001, denominada: “Palabras”: Y nos dice: “…Hay palabras que vamos disfrutando día a día, palabras que deforman nuestras vidas, que duelen si eres tu quien las pronuncia. Palabras especiales que se clavan como dardos en la mente. Pero nos quedan algunas palabras, palabras de amor, palabra de honor en nuestras miradas. También nos quedan palabras de poeta en el exilio, en el destierro, en las esquelas. Palabras que arañan y atraviesan las distancias, que te llenan la sonrisa, dichas sin ninguna prisa. Pero hay palabras que cubren todo el abecedario, palabras que aprendemos desde niño, pero hay palabras que separan nuestros mundos...”.

Así que estimados amigos, aprendamos más palabras que nos enriquezcan y nos ayuden a ser mejores seres humanos y construyamos un mundo mejor, curiosamente, a través de las palabras.

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