Alejandro José Ortiz Sampablo
En el Instituto nos encontramos en el preámbulo del Seminario de “La Clínica de la feminidad”, para lo que escogí como texto preparatorio uno escrito por Freud de 1890, “Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)".
Cuando iniciamos, una compañera nos compartió sus experiencias con dicho texto -y otros catalogados como “prepsicoanalíticos”-, y la que en este momento -con el recorrido que posee en la atención clínica y el formato del seminario- experimenta. Pues desde las primeras páginas, el joven médico neurólogo Sigmund Freud, nos entrega la explicación de los enigmas que envuelve el tratamiento del alma.
Algunas personas allegadas a la Psicología mencionan que el Psicoanálisis es obsoleto. Esta afirmación en la mayoría de los casos se debe a la manera en que algunos apasionados de este campo del saber lo transmiten. Es en este texto donde se encuentra una explicación a dicha idea. Eventualmente habrán escuchado o leído, amables lectores, que el tratamiento psicoanalítico es un proceso que requiere un gasto enorme, no solo de energía, también de dinero, tiempo y esfuerzo psíquico. Es como si los psicoanalistas nos hubiéramos empeñado en resaltar lo difícil del tratamiento y no sus bondades. En ocasiones he escuchado que algunos, cuando intentan brindar un argumento en favor del Psicoanálisis, lo comparan en relación a otras terapias diciendo que "este va a lo profundo”, como si esto fuese lo más importante del tratamiento creado por Freud.
Las expectativas y su poderEn el texto aludido, el autor nos menciona elementos primordiales en cualquier tratamiento terapéutico, entre estos se encuentran las expectativas. De las cuales resaltan dos, la angustiada y la esperanzada o confiada. Cuando explica el poder de esta última, se sirve de fenómenos religiosos, como el curanderismo y otras terapias, hoy conocidas como "alternativas". Freud, como investigador, resalta en tales fenómenos el poder que la persona enferma deposita en el arte médico, el prestigio del terapeuta, la simpatía que este posea o incluso cómo la fomente, pero que finalmente, dicho poder (la expectativa esperanzada) le pertenece al paciente.
Cuando el analista resalta las dificultades del Psicoanálisis en aras de ensalzarlo, para colocarlo por encima de las otras psicoterapias, abona para que aquellos que se acercan a él, queden atrapados en ideas erróneas del tratamiento. En el tratamiento psíquico (tratamiento del alma), Freud explica el poder de la expectativa esperanzada, del cual nosotros también hacemos uso en el Psicoanálisis. Por otro lado, en ningún momento descalifica a los otros tratamientos; toma de ellos la enseñanza que el fenómeno mencionado le brinda.
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