Leonardo Pino
El sacerdote insurgente Miguel Hidalgo, nació el 8 de mayo de 1753, en el rancho de San Vicente, jurisdicción de Pénjamo, Guanajuato.
Luego de cursar estudios en el colegio jesuita de San Francisco Xavier, ingresa al Colegio de San Nicolás Obispo en donde en 1770 se gradúa como Bachiller de Letras. Llega a dominar siete lenguas, entre ellas español, francés, italiano y los principales idiomas indígenas de entonces. De joven es apodado "El Zorro" por su inteligencia.
Desde su juventud manifiesta su inconformidad con el régimen colonial, su oposición a los monopolios y a que los altos cargos militares, eclesiásticos y políticos, estén reservados para los españoles nacidos en la península ibérica.
En 1779 se ordena sacerdote y en 1787 es nombrado rector del Colegio de San Nicolás de Valladolid, hoy Morelia en honor de su hijo más glorioso. En 1787 es rector del mismo, pero no puede ocupar otros cargos porque es criollo; allí, por haber establecido textos de teología moderna, es hostilizado y enviado a varios curatos, como los de Colima y San Felipe.
Ahí auxilia a los endeudados campesinos pobres; promueve actividades agrícolas, industriales y culturales.
Así lo recuerda el poeta Efraín Huerta, en su bello poema Patria, amor mío: “vio maltratar a los indios, / que son tan mansos y generosos, / y se sentó entre ellos como un hermano viejo, / a enseñarles las artes finas que el indio aprende bien: / la música que consuela; la cría del gusano, que da la seda; / la cría de la abeja, que da miel. / Tenía fuego en sí, / y le gustaba fabricar: creó hornos para cocer ladrillos. / Le veían lucir mucho de cuando en cuando los ojos verdes…”
Desde muy joven, don Miguel siente gran amor por las artes y cultiva la música y la literatura; llegó a tener una cultura enciclopédica. Es lector de Racine y de Moliere, de quien traduce algunas obras. Organiza tertulias literarias, conciertos y obras teatrales en su casa, a la cual tienen acceso igualitario distintas clases sociales, donde toca el violín y disfruta del baile y de los juegos de azar. También asumió la paternidad de forma responsable y amantísima, de Agustina, Mariano Lino, María Josefa, Micaela y Joaquín.
En el año 1808 llega al -hoy famoso- curato de Dolores y dos años después, 1810, participa en la conspiración de Querétaro contra el gobierno usurpador español, que debería iniciarse en el mes de diciembre. Descubierto el plan insurgente, la dama patriota, doña Josefa Ortiz envía al alcalde Ignacio Pérez a avisar a Allende; al no encontrarlo se dirige junto con Aldama a Dolores. Al escuchar la noticia, nuestro padre Miguel Hidalgo, en unión de Aldama, Allende, Abasolo y otros, decide efectuar el levantamiento al amanecer del domingo 16 de septiembre.
Ante la imposibilidad de disponer de una fuerza militar, convoca al pueblo en general; los vecinos de Dolores, alfareros, carpinteros, herreros y campesinos, acuden a su llamado para iniciar la lucha por la independencia de la patria.
Tras pronunciar otra arenga patriótica, libera a los presos y se apodera de las armas de la guarnición realista. Para media mañana ya son más de ochocientos los sublevados. Encarga la parroquia al padre José María González y montado a caballo, inicia la marcha de la independencia de México.
La ideología de Hidalgo y el gran atractivo que ejerce sobre el pueblo, hacen que la rebelión inicial se transforme en una verdadera revolución popular, radical y campesina.
Después de realizar un extenso recorrido por el territorio nacional, llevando la antorcha de la independencia, fue apresado y el 30 de julio de 1811 es presentado al pelotón de fusilamiento. El Padre se niega a ser vendado y a dar la espalda al pelotón. Su muerte no es fácil porque yerran los tiros; tras varias descargas, finalmente le dan tiro de gracia para hacerlo morir. Un soldado le corta la cabeza de un solo tajo, a machete. Su cuerpo decapitado es expuesto al público. La cabeza es enviada a Guanajuato para ser colocada en una jaula de hierro, en la Alhóndiga de Granaditas.
Por decreto del 19 de abril de 1823, el Soberano Congreso Mexicano, reconoce a don Miguel Hidalgo, como "Padre de la Patria".
Rodolfo Morales, velador de la nostalgia
Leonardo Pino
Debido a un curioso ensalmo ocoteco, todos los colores del valle buscaron albergue en la paleta del maestro Rodolfo Morales, nacido en Ocotlán, Oaxaca, el 8 de mayo de 1925.
Allí habitaban el verde biznaga, el rojo aretillo, el azul jacaranda, el mirasol amarillo, el blanco lirio y el rosa moradilla, matices predilectos del pintor que los dispersó en su obra para recrear los más íntimos rincones de su Ocotlán natal y pueblos aledaños.
Con ellos impulsó el vuelo eterno de rezanderas que aromaban copal e incienso, afanadoras de conventos y marchantas de ferias. La enseña nacional también se eleva sobre los valles, izada por novias del olvido; van siempre juntas, siempre cometas del mismo universo moraliano; dibujan un fractal en movimiento; escriben un lenguaje nostálgico, desgranado en murmullos a la hora de la siesta, sobre la plaza umbría de Ocotlán.
Debajo de ellas, en casonas terrosas, asoman ánimas prófugas de novenas perpetuas; en el tianguis, trajinadoras de dimes y diretes, mercan cajas con herrajes y mezcal espadín.
Plena de guamúchiles, mirasoles y cazahuates, la escena se repite en Santa Ana Zegache, Tilcajete y Taviche, en alegre sucesión cromática y trazos primitivos, casi pueriles.
Ese incendio fulgoroso de tonalidades en telas y collages, no esconde la soledad que siempre acompañó al maestro Morales, que lo miraba todo con la timidez de su infancia callada, transcurrida entre rezos y silencios.
Por resabios de aquella humildad, se asumió como obrero del arte y a su quehacer lo definió como un oficio. Dijo alguna vez: “Un pintor es aquel que puede hacer trazos precisos; pero un artista, ¡ah, eso es algo muy diferente! Un artista es aquel que además de pintar puede expresarse con perfección”.
Rodolfo Morales fue un artista, porque - como escribió su amigo Alberto Blanco - “su arte representa muy bien el lado solar, diurno, maravilloso de Oaxaca, sus pueblos, su gente, sus fiestas, su color, sus tradiciones y su música. Su ingenuidad.”
Cuando joven emigró a la ciudad de México; cuando pudo, viajó por todos los países que quiso; solo el Cuzco le hizo recordar la Ocotlán de su niñez. Su universo fue Ocotlán de Morelos, donde Morales fijó sus sueños para siempre.
MEMENTO
9 de mayo de 1911: Fuerzas magonistas derrotan a las federales y toman la plaza de Tijuana.
10 de mayo de 1911: Pascual Orozco y Francisco Villa toman Ciudad Juárez, acción que consolidó el movimiento revolucionario en el norte del país; inicia la caída del régimen de Porfirio Díaz.
12 de mayo de 1856: El obispo de Puebla, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, es expulsado del país, por atacar la política liberal del gobierno de la República.
