Ornela De Gasperín Quintero
Segunda parte
4. “El tecno-optimismo”
Un mito que ha predominado por décadas, es el del tecno-optimismo: término usado para justificar la inacción porque alguna tecnología maravillosa, próxima a inventarse, nos salvará sin necesidad de realizar cambios reales. La más famosa de estas tecnologías son los BECCs: bioenergía con captura y almacenamiento de carbono.
Los BECCs son plantaciones masivas de árboles que eventualmente se talan, se vuelven pellets, y se queman para generar energía. Las emisiones producidas se capturan en chimeneas y se almacenan bajo tierra. Pero es una idea inviable en la práctica. Por ejemplo, para tener un 50 % de probabilidad de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 °C, necesitaríamos plantaciones dos veces del tamaño de la India de BECCs, eliminando cultivos, provocando hambrunas, deforestación, estrés hídrico y colapso de biodiversidad.
La fe en la tecnología no está respaldada por evidencia, y es altamente riesgoso poner nuestra seguridad en estas ideas. Además, la fe en la tecnología ha creado serios daños al mundo. Con el Acuerdo de París, firmado en el año 2015, cada país se comprometió a reducir sus emisiones anuales, y sus promesas (Contribuciones Determinadas Nacionales; CDN), debían ajustarse para mantener el calentamiento a 1,5 °C.
Pero inclusive si todos los países hubieran mantenido sus promesas (no lo hicieron), la temperatura no se hubiera mantenido ni por debajo de los 2 °C. ¿Por qué? Porque las CDNs se basaron en los escenarios modelados por el tercer grupo de trabajo (mitigación de cambio climático), del Quinto Informe de Evaluación del IPCC,(2014).
En los escenarios compatibles con no superar los 2 °C, se incorporaba la existencia de tecnologías de “emisiones negativas”, principalmente de BECCS, asumiendo que muchas de las emisiones iban a ser capturadas directamente de la atmósfera.
5. “La eficiencia es la solución”
Los avances tecnológicos pueden y deben de ser nuestros aliados contra la catástrofe climática (como baterías con mayor vida). Sin embargo, en un mundo enfocado en hacer crecer todos los sectores económicos al mismo tiempo y de manera exponencial, como ocurre ahora, cualquier ganancia en eficiencia se transforma en mayor uso de energía, en lugar de reducirlo.
Este fenómeno se conoce como la paradoja de Jevons o efecto rebote, llamada así por Jevons, quien describió que durante la Revolución Industrial, la máquina de vapor inventada por James Watts, que era más eficiente que la previa de Thomas Newcomen, llevó a aumentos globales en el uso de carbón (y no en su disminución, como sería previsible).
Del mismo modo, los vehículos y aviones más eficientes han llevado a mayor, no menor, uso de gasolina/emisiones.
Por lo tanto, no estamos observando una transición energética, sino una adición energética.
6. “Sólo tienes que pagar tu huella, se pueden compensar las emisiones”
La idea detrás de las compensaciones de carbono es simple: ¿vas a emitir una tonelada de CO2? Haz algo para compensar ese CO2: protege un fragmento de selva, que, sin talada, generaría esa misma tonelada. Empresas fósiles con fines de lucro, como Exxon, BP, Shell, Total Energies, y ENI, están usando créditos de carbono para llamarse “neutros en carbono”.
Las empresas o individuos compran créditos de carbono para compensar las emisiones asociadas a sus productos. Cada crédito de carbono compensa una tonelada de CO2. Los créditos son producidos por proyectos privados de compensación que dicen absorber CO2.
Sin embargo, una investigación de los periódicos The Guardian, Die Zeit y SourceMaterial, reveló que el 94% de las compensaciones de carbono de REDD+, “no tienen valor”. Además de no funcionar, estos proyectos de compensación de carbono dañan a los pueblos indígenas, ya que los despojan de sus tierras y privatizan sus derechos y recursos.
7. “El capitalismo verde o el green growth”
El crecimiento o capitalismo verde, es la idea de poder mantener simultáneamente una ‘economía verde’ y un ‘crecimiento económico sostenido’. La idea central se basa en desvincular el crecimiento económico del P.I.B. del uso de materiales y de las emisiones de CO2.
Más allá de la falta de evidencia sobre la posibilidad de desvincular el crecimiento económico del P.I.B. del uso de materiales y de las emisiones de CO2, debemos preguntarnos: ¿por qué aferrarse a usar el P.I.B.? Inclusive Simon Kuznets, el economista que desarrolló la medida del P.I.B., dijo en 1962: Se debe distinguir entre cantidad y calidad de crecimiento, entre costos y retornos, y entre corto y largo plazo.
Soluciones Reales
Según el 6º y último reporte del IPCC, un mundo resistente al cambio climático requiere “cambios fundamentales en el funcionamiento de nuestras sociedades, incluidos cambios en valores, en sistemas políticos, económicos, y en relaciones de poder”.
La tarea es enorme y el tiempo apremia. Por un lado, necesitamos una red social global que proteja a la población humana cuyas necesidades y dignidad siguen sin ser cubiertas. La buena noticia es que estudios científicos han encontrado que una economía enfocada en satisfacer necesidades humanas (en vez de hacer crecer el P.I.B. exponencial e infinitamente, como sucede ahora) podría satisfacer esas necesidades a estándares muy altos para 10,000 millones de personas (20 % más de la población actual) usando 60 % menos energía.
Con esto en mente, podemos concluir que, para enfrentar la catástrofe climática, necesitamos operar cambios de carácter económico y social. Para construir un mundo resistente al cambio climático, necesitamos nacionalizar las empresas de fuentes fósiles de energía y las compañías de generación de electricidad, para tener soberanía energética, y para que estén bajo el control público, como deberían estarlo todos los servicios públicos.
Mientras tanto, tenemos que desmercantilizar los derechos humanos, como el derecho a la vivienda, al transporte, a la salud, a la educación, a los deportes y al arte. Asimismo, debemos tener una garantía laboral de trabajos útiles para la sociedad, con una reducción de la jornada laboral y salarios dignos.
También debemos aumentar las fuentes de energía renovables para sectores públicos vitales y limitar los excesos de las élites, a través de un tope a las ganancias e impuestos altísimos. Sin duda, el mundo no va a cambiar por sí solo.
Necesitamos actuar, crear movimientos populares y ejercer fuertes presiones sociales para asegurar estas transformaciones de raíz. Estas tareas requieren que las economías incentiven migrar de lo privado, a lo público y comunitario; de lo grande, a lo chico; de lo turístico y globalizado, a lo local.
Debemos lograr distribuir recursos e infraestructura existente de manera equitativa, entre países y dentro de ellos. La manera más rápida de construir justicia social, es compartir bienes y recursos.
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