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Miscelánea: Las luces del tiempo nuevo

Las luces del tiempo nuevo
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Arturo Fajardo Núñez

Hace muchos años, cuando iba en la primaria, un compañero de la escuela me comentó el primer día de clases, después de las vacaciones de Navidad, que estaba muy contento, pues la última noche del año viejo había podido ver algunas luces –como bolas de fuego- que se encendían por sí solas en los cerros que rodean la ciudad, indicando que el Año Nuevo había llegado.

¡Cómo me burlé de él! Incrédulo, como siempre he sido, le comenté que eso era una fantasía. Que era imposible que un año que concluye pueda incendiar el cerro. Seguramente -recuerdo que también le dije-, algún borracho quemó su casa y eso fue lo que tú viste. Nunca pude convencerlo y él ni siquiera intentó convencerme. Pasado el tiempo, habría de enterarme que desde épocas prehispánicas existe esta leyenda, la de las Mometzcopinqui. Aquellas que volaban en forma de bolas de fuego y robaban el corazón de los niños; brujas, les dijeron los españoles.

Hace unos días nos encontramos, mi amigo y yo, en un centro comercial. Cómo ha pasado el tiempo para ambos, pensé, cabello blanco y calvicie. Platicamos y después de un rato, casi para despedirnos, salió al tema el suceso. Fue extraño; después de tanto tiempo sin vernos, me comentó que cada Año Nuevo seguía asomándose a los cerros para ver si podía ver aquel fuego que lo emocionó de niño y por supuesto, me dijo como anticipándose a un nuevo intento de burla mío, que entendía que aquello había sido una fantasía, pero aun así siempre le gustaba recordar su niñez y las cosas que más lo marcaron. Yo, por supuesto, esta vez no iba a burlarme, aquello fue cosa pasada y del pasado; pero debo confesar que un ligero sentimiento de triunfo me recorrió la piel.

Supuse también que en el fondo nunca me perdonó haberlo hecho objeto de mis burlas; pobre de mi amigo, cada que alguien se equivocaba, invariablemente volteaba a verlo o simplemente decía yo en voz alta como para que oyera hasta allá donde se sentaba: “Luces de fin de año”.

Hace algunos años, una niña nos platicó que una costumbre practicada en su pueblo era irse a la montaña el último día del año a observar la llegada del Año Nuevo. Nos explicó que éste se manifiesta en forma de nubes, como una neblina que viene cubriendo todo el campo, que sube a las lomas y llega hasta los cerros; de repente el frío arrecia y los animales callan, y que así sabían ellos, desde tiempos ancestrales, el momento exacto en cual el Año Nuevo había llegado. Incrédulo –otra vez y como siempre, esta vez sin burlas, pero con aires de ingeniero-, le expliqué terminantemente y sin posibilidad de réplica, que eso era imposible.

Le expliqué que el Año Nuevo no trae consigo ningún fenómeno atmosférico especial. Que en realidad es un suceso intrascendente –cósmicamente hablando-, puesto que tan solo indica el movimiento de traslación del planeta, que inclusive el evento astronómico no coincide con el evento real. Es decir, los calendarios administrativos, no coinciden puntualmente con el ciclo de los eventos reales. En fin... todo un rollo. Ella nunca insistió en el tema. Yo tampoco. No le creí y ella menos me creyó.

Este fin de año, Ángela, mi hija de 6 años, me insistió en que saliéramos a ver el cielo en el momento exacto en que termina el año. Ella quería ver si sucedía algo especial. Me pareció un momento magnífico para compartir con ella y que viera que no iba a suceder nada. Salimos al patio y levantamos la vista, el cielo estaba despejado, no había nada de nubes. Orión exactamente arriba de nosotros.

Estaba a punto de decirle que no iba a pasar absolutamente nada, cuando de repente se presentó la más hermosa de las estrellas fugaces que haya visto hasta la fecha. Ni siquiera en las varias lluvias de estrellas que he presenciado y con el cielo oscuro, he visto tal brillo. Surcó el cielo unos sesenta grados de oeste a este; su brillantez y su tamaño me parecieron magníficos. Fugaz y efímero, pero magnífico. Fue un momento sublime.

El grito de Ángela y su expresión de sorpresa me regresó a la tierra. "¡Papá, papá, acaba de irse el año viejo! ¡Se despidió! ¿Lo viste?… ¡Increíble!"

Nos abrazamos y después de un rato, volvimos a la casa. El frío ahora estaba más fuerte que antes. Supuse –sin conceder- que era porque el Año Nuevo ya había llegado.

Ya en la puerta, no pude atravesarla sin antes voltear la cabeza y echar una última mirada en dirección a los cerros.

No vi nada. Total, los que no creemos, nunca veremos nada de nada.

PD. Querido amigo, querida niña, querida Ángela. Qué suerte que ya viene el Año Nuevo. Si todavía tienen la paciencia de enseñar a un necio, soy el primero de la fila.

 

CIENCIA A LA MANO

De la alimentación saludable

Las severas advertencias en la parte frontal del paquete contra los alimentos con exceso de grasas, azúcares y sodio, son la mejor manera de ayudar a las personas a evitar las compras menos saludables. 

Las etiquetas de advertencia en el frente del paquete funcionan mejor que otros tipos de etiquetas nutricionales, como las recomendaciones de alimentos saludables.

Alrededor del 44 % de las muertes en las Américas son causadas por presión arterial alta, niveles altos de azúcar y obesidad y sobrepeso. Las dietas deficientes se deben en gran parte a la amplia disponibilidad y comercialización de bebidas y alimentos procesados ​​y ultraprocesados ​​que tienen un contenido excesivo de azúcares, grasas y sodio.

A principios de este año, México implementó las etiquetas de advertencia negras octogonales que siguen las recomendaciones de mejores prácticas de la Organización Panamericana de la Salud. Posteriormente, el país fue reconocido por el Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles.

En años anteriores, Chile, Perú y Uruguay adoptaron advertencias en el frente del paquete, y Brasil ha dado un paso en esa dirección. El etiquetado es aún más importante ahora, ya que las condiciones subyacentes vinculadas a una mala alimentación, pueden provocar complicaciones potencialmente mortales a causa del COVID-19. (OPS)

 

MEMENTO

24 de diciembre 1985: Muere Demetrio Vallejo, dirigente obrero, líder de los trabajadores ferrocarrileros, fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores, junto con Heberto Castillo.

25 de diciembre de 1950: Muere en la Ciudad de México el poeta Xavier Villaurrutia, autor de "Nostalgia de la muerte".

25 de diciembre de 1977: Muere el actor y cineasta Charles Chaplin en Suiza.

27 de diciembre de 1822: Nace Luis Pasteur, descubridor de la vacuna antirrábica.

28 de diciembre de 1836: España reconoce la Independencia de México a través del Tratado “Santa María-Calatrava”.

29 de diciembre de 1896: Nace David Alfaro Siqueiros, pintor chihuahuense, que destacó en la escuela del muralismo.

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