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MISCELÁNEA: La Batalla de Nochixtlán

lecotr
Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo Pino

Durante los años 1865 y 1866, el jefe militar del ejército invasor francés, Carlos Oronoz, había avanzado hasta Oaxaca para combatir la resistencia popular y apresar a Porfirio Díaz. 

El general Díaz, en el año 1865, escapó de la prisión en que lo tenía el ejército francés, y se dedicó a reorganizar el Ejército de Oriente. 

La estrategia imperialista resultó fallida, porque, desde mediados de septiembre de 1866 a fines de octubre del mismo año, oaxaqueñas y oaxaqueños al mando del general Porfirio Díaz, propinaron varias derrotas consecutivas a los franceses, que debieron abandonar el territorio estatal, derrotados moral y militarmente.

Los principales enfrentamientos que cita el general Díaz en sus "Memorias", fueron en Nochixtlán, Miahuatlán, La Carbonera, toma de Oaxaca, Lachitova y Tequisixtlán. 

La victoria en estas batallas se logró por las estrategias ideadas, dado el gran conocimiento que tenía Porfirio Díaz del territorio, y el coraje y valentía de los soldados y pueblos oaxaqueños. 

“Estaba yo en vísperas de obtener una serie de victorias que dieron por resultado la ocupación, en nueve meses, de la ciudad de México”, anota el general Díaz en su diario, el 28 de septiembre.

Mientras la ocupación francesa avanzaba por todo el país, el general Porfirio Díaz fue enterado que ejércitos austriacos y belgas, socios de los franceses, se encontraban en la Mixteca oaxaqueña, por lo que en la madrugada del 23 de septiembre, junto con la tropa de su hermano Félix, “El Chato” Díaz, salieron en su persecución.

La victoria contra el destacamento de húngaros, se debió al arrojo de su tropa y al conocimiento de la agreste topografía de la zona, que tenía Porfirio Díaz, dado que el general tenía sus orígenes en Magdalena Yodocono, zona donde pasó parte de su niñez.

El triunfo en la batalla de Asunción Nochixtlán, continuó con la victoria de Miahuatlán, La Carbonera, toma de Oaxaca, Lachitova y Tequisixtlán. Esta campaña relámpago, marcó el final de la presencia del ejército francés en el estado de Oaxaca.

Memorias de la batalla

A propósito, el general Díaz consigna en sus Memorias: 

“(…) Emprendí mi marcha hasta Yanhuitlán donde había un destacamento de cerca de doscientos húngaros atrincherados, que no quisieron aceptar combate fuera de sus trincheras. Oronoz había hecho alto por poco tiempo en Nochistlán y con este motivo me dirigí al pueblo de las Andallas en donde encontré a mi hermano que venía, procedente de las inmediaciones de Oaxaca, con objeto de incorporárseme, con la fuerza que había organizado. Oronoz siguió su marcha rápidamente para Oaxaca, y yo, en compañía de la fuerza de mi hermano, pernocté en Tecomatlán, pueblo que dista unos ocho o diez kilómetros de, hacia el sur y al pie de la montaña. En la noche supe que los húngaros acuartelados en Yanhuitlán habían hecho una excursión en Nochistlán en número de 100 caballos. Calculando que allí podría encontrarlos, me dirigí a Nochistlán violentamente antes de amanecer, dejando a la infantería en Tecomatlán a las órdenes del coronel don Manuel González. Me acompañó mi hermano, quien entre sus soldados tenía también un pequeño piquete de caballería. Llegamos a Nochistlán cuando comenzaba a amanecer y nos avisaron que los húngaros habían permanecido allí pocas horas y habían vuelto a tomar el camino de Yanhuitlán. Apenas habíamos avanzado algunos pasos sobre el camino de Yanhuitlán, cundo vimos formado en una loma un escuadrón de húngaros al cual nos dirigimos en son de carga. (…) Tuvimos varios choques muy reñidos y sangrientos con los húngaros, que al fin emprendieron una marcha muy táctica y muy bien ejecutada que les permitió llegar a Yanhuitlán sin sufrir grandes pérdidas; y si los soldados que yo mandaba hubieran tenido la mitad de la disciplina de aquellos hombres, evidentemente que no hubiera escapado ninguno de ellos. Dejaron en el campo de combate muchos hombres y caballos heridos unos y muertos otros. 

"El escuadrón de húngaros tendría cien hombres y mi fuerza tal vez llegaba a muy cerca de trescientos; pero había gran diferencia entre la disciplina de ambas. Por mi parte tuve también algunos heridos”.

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