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Miscelanea / El legado tóxico y ambiental del genocidio en Gaza

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Foto(s): Cortesía
Redacción

 Doctora Ornela De Gasperin Quintero

La crisis climática-ecológica es una grave amenaza actual para la vida humana organizada. A pesar de que entendemos el proceso del calentamiento global desde 1896, de que lxs científicxs empezaron a sonar la alarma sobre el cambio climático desde principios de los años 70, de los seis reportes del IPCC, y de las 29 Conferencias de las Partes, las emisiones de gases con efecto invernadero globales siguen en aumento. 

El genocidio en Gaza, ese crimen de lesa humanidad, ha generado una catástrofe medioambiental y es un flagrante ejemplo de por qué no hemos frenado la crisis climática. En los primeros 60 días del brutal genocidio, las emisiones superaron la contaminación anual de 20 países. Sólo cuatro meses después del inicio del intento de exterminio de la población gazatí, Israel había lanzado más de 25.000 toneladas de explosivos sobre Gaza, el equivalente a dos bombas atómicas. Hasta noviembre de 2024, esa cifra había aumentado a más de 85,000 toneladas de bombas sobre Gaza, una región del tamaño de una cuarta parte de Londres. Algunas de esas bombas no detonaron, lo que significa que, entre los 50 millones de toneladas de escombros en Gaza, quedan bombas por detonar, junto con los miles de cuerpos en descomposición. La ONU calcula que 100 camiones trabajando a tiempo completo tardarían más de 15 años en retirar los escombros. Al menos el 70 % de los edificios están destruidos, incluidas más de 245.000 viviendas. Tan solo reconstruir 100.000 edificios con técnicas convencionales contaminaría más que 135 países en un año. 

Además de las emisiones directas producidas por la maquinaria de guerra, las cuales nos amenazan a todos los seres humanos vivos, contemporáneos y futuros, el genocidio en Gaza dejará un legado tóxico por décadas. 

Los olivares y las granjas han quedado reducidos a tierra compactada; el suelo y las aguas subterráneas han sido contaminados por municiones, toxinas, metales pesados; el aire está contaminado por el humo, por partículas suspendidas, y por asbesto (amianto), el cual también entra al suelo y al agua. Se calcula que hay 800.000 toneladas métricas de asbesto en Gaza. El asbesto produce un cáncer que se forma en el tejido que recubre los pulmones, el abdomen, el corazón, los testículos. Con cada edificio destruido, se liberó asbesto; una sola exposición aguda es potencialmente mortal. 

Por si eso fuera poco, la lista de toxinas y metales en el suelo, aire, y agua de Gaza es enorme. La Franja de Gaza tenía una de las mayores densidades de paneles solares en tejados del mundo, e Israel destruyó gran parte de esa infraestructura. Los paneles rotos liberan plomo y metales pesados, contaminando el suelo y el agua. Los metales y el cemento pulverizado, liberados con cada bomba y edificio destruido, dejan mercurio, titanio, plomo, hierro pulverizado, los que causan leucemia, cáncer renal, de seno, de pulmón, de cerebro, entre otros, así como fibrosis pulmonar (cicatrización en los pulmones que impide la respiración, hasta que muere la persona). 

Todas estas sustancias entran en los cuerpos de los niños, mujeres, y hombres que habitan y habitaron Gaza. El titanio, plomo y magnesio, generan trastornos del neurodesarrollo, como se ha comprobado en la niñez iraquí, después de la invasión a su país, liderada por los EUA. Las mujeres embarazadas que fueron expuestas a estas sustancias, las transmiten a los fetos, causando –por décadas- defectos de nacimiento y malformaciones. 

Tanto la crisis ambiental como el genocidio son producto de las políticas imperialistas impulsadas por corporaciones, instituciones y naciones, lideradas por EUA. La maquinaria militar estadounidense es el mayor consumidor institucional de hidrocarburos del mundo y contamina más que 140 países. 

Empresas como Shell, BP y Exxon, lucran con el genocidio, ya que venden los hidrocarburos para los aviones y tanques de guerra; corporaciones armamentistas como Elbit, Lockheed Martin, Boeing, y los bancos corporativos, son todas empresas que financian el genocidio y agravan la crisis climática.

¡Sin justicia climática, no hay justicia social!

CONTACTO:

Correo: [email protected]

[email protected] 

FB: Ornela de Gasperin Quintero

X: @orneladg

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