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Miscelánea: Borges, los libros y la lectura

Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo Pino

Han transcurrido 573 años desde que Johannes Gutenberg, el mítico inventor de los tipos móviles, comenzó a imprimir la Biblia en el año 1452. Desde entonces, el libro tiene la potestad de transmitir el pensamiento de un autor a millones de personas, que pueden vivir en cualquier parte del mundo y en una época distinta a aquella en que se creó el original.

Jorge Luis Borges, hacedor de ensayos, cuentos, poesías y exquisito lector, afirmó: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.

Respecto al carácter intemporal del libro, esa magia que trasciende el tiempo y también la geografía, añadió: “Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. El libro puede estar lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino, no con respeto supersticioso, pero sí con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría.”

Son múltiples, casi infinitas, las relaciones que se establecen en el encuentro de un libro con las personas lectoras. Porque, a diferencia de la comunicación oral que siempre requiere la presencialidad, en la lectura se da el fenómeno en que el escritor y el lector innumerable, se hallan en tiempos y espacios diversos. Esta relación especial, transforma y enriquece el texto escrito; lejos del lugar y tiempo en que fue concebido, el libro se abre generoso a las interpretaciones plurales que cada nuevo lector aporta, de acuerdo a su experiencia, su cultura y los valores de su época. Borges reconoce: “El hecho es que la poesía no son los libros de la biblioteca… La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro.”

 

El libro es una de las posibilidades de la felicidad

En esta época nuestra, asistimos a la desaparición paulatina del libro físico, para dar paso a las ediciones digitales. Pero el libro, más allá de su apariencia o identidad, continuará con nosotros como una compañía imprescindible, porque “se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible; - asegura Borges, el tenaz y minucioso lector - se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria.” Y agrega amorosamente: “Yo tengo ese culto del libro. Puedo decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea como una confidencia que les realizo a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero. Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y, sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.”

Este 23 de abril en que se celebró el Día Mundial del Libro y la Lectura, establecido por la UNESCO, es un día particular para la literatura mundial, ya que ese día, en el año 1616, fallecieron don Miguel de Cervantes Saavedra, Williams Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.

Por ello recordamos a Jorge Luis Borges que reúne las calidades de autor prolífico y lector consumado y exigente, aunque él siempre priorizó su faceta de lector: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.”

Y esa dilatada aventura, que no pudo interrumpir ni la ceguera, inició – como siempre lo recordaba – en “la biblioteca de mi padre, ese ha sido el acontecimiento capital de mi vida. Ahí, por obra de la voz de mi padre, me fue revelada esa cosa misteriosa, la poesía; ahí me fueron revelados los mapas, las ilustraciones, más preciosas entonces para mí que las letras de molde.”

El paraíso bajo la especie de una biblioteca

Como todo buen lector, el poeta argentino también fue un incansable promotor de la lectura y sostuvo que “el verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo amar y el verbo soñar”. 

En ese carácter, afirmaba: “Yo he sido profesor de literatura inglesa, durante veinte años, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz.

Siempre les he dicho que tengan poca bibliografía, que no lean críticas, que lean directamente los libros; entenderán poco, quizá, pero siempre gozarán y estarán oyendo la voz de alguien. Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo. Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Yo diría que lo más importante de un autor es su entonación, lo más importante de un libro es la voz del autor, esa voz que llega a nosotros. Personalmente, soy un lector hedonista; Nunca he leído un libro simplemente porque era antiguo. Leo libros por las emociones estéticas que me ofrecen e ignoro los comentarios y las críticas”.

En este día, le deseamos al maestro que contó, “me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca", que viva feliz en toda biblioteca y reencarne en libros y lecturas infinitas.

 

Del huacal de letras

Mis libros – Jorge Luis Borges

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

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