Pasar al contenido principal
x

Mientras Juan descansa

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Daniela Clarisa Concha León

Llevo un tiempo pensando sobre un malestar contemporáneo que parece recurrente dentro de la sociedad, la pereza, mejor conocida como “flojera”. Este término se ha vuelto una constante a lo largo del tiempo, sin embargo, solemos asociarlo con las generaciones actuales. Muchas han sido las opiniones al respecto, que es por causa de las nuevas tecnologías, la falta de disciplina, querer las cosas fáciles, etc. Respuestas que si bien, podrían tener una relación, no terminan de explicar mi interrogante: ¿La pereza es la raíz o la consecuencia?

Algo a tomar en cuenta

En mi época de estudiante de psicología tenía la intuición de que, al tratar estos temas, es fácil caer en la tentación de dar una opinión generalizada. En mi recorrido como psicoanalista descubrí el riesgo de dar opiniones de manera ligera. En este caso, aunque la flojera sea una manifestación cotidiana nace de distinto lugar en cada persona, así que, para no caer en esas generalidades arbitrarias, hablaré de un tipo de flojera, la de Juan.

Él es un niño de 12 años acusado por sus profesores de ser muy flojo, no hace tareas ni trabajos en clase, en varias ocasiones se le ha visto salirse del salón para ir a dormirse a los baños e incluso en los salones vacíos, al responder siempre parece hacerlo con fastidio, cuando se le pregunta qué es lo que le sucede, sólo dice “Nada, estoy bien”. Es casi imposible entablar una conversación con él, pues se limita a responder con expresiones como “ajá”,“mju” u “ok”. Su maestra le ha dicho que debe ser más aplicado si no reprobará. Cuando me narra esto, también me dice que eso no pasará, que en los exámenes se va a reponer, pues el sólo necesita estudiar, que sabe que desvelándose leyendo llevaría puro 10 y que seguro le ganaría a los de la escolta.

Al parecer, Juan en su imaginario ya resolvió la situación, él asevera que sólo necesita tomar la decisión para corregir, ser mejor que sus compañeros y dejar aquello que no le beneficia en su vida cotidiana. Al menos eso piensa mientras descansa en su sofá, que, en cinco minutos inicia la “creación del nuevo y mejorado Juan”. Sin embargo, eso no va más allá de sus pensamientos.

Algunos de los tantos fenómenos que podemos observar en Juan es lo fácil y rápido que él se pierde en sus pensamientos, y no son de cualquier orden, son aquellos donde ya resolvió el problema; lo hizo tan bien que superó a sus compañeros de clase y me atrevería a pensar que ya visualizó para sí toda una vida de éxito, claro está, en la comodidad de su mente, donde él crea y quita los obstáculos. Antes de juzgar a mi joven paciente, podríamos preguntarnos: ¿alguien está exento de esto?

En psicoanálisis la pereza no es un suceso aislado, tampoco un fin, es todo un proceso creado en las profundidades de la psique. En la escucha íntima del consultorio observamos como en Juan se entretejen sus tendencias a quedar exento de estímulo, expresado en lo que llamamos pereza con el rechazo a la realidad, creando realidades alternas y mejoradas, que parecentener como finalidad no comprometer su comodidad, donde es él quien tiene el control. Aunado a ello, hay un sinnúmero de procesos de pensamiento, que la extensión de esta nota no alcanzaría para nombrarlos.

[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.