Pasar al contenido principal
x

Me obsesioné con los Doors | Jim Morrison y las apariencias

Foto(s): Cortesía
Redacción

Eduardo Ismael

 

This is the end

Beautiful friend

This is the end

My only friend, the end

Jim Morrison

 

 

Conocí a Jim Morrison un julio del año 2002. Recuerdo que era la fiesta de mi pueblo y que por el azar de una botella en el piso conocí a P. Los cuatro días de la fiesta los pasé escuchando una mezcla entre música tropical, sones tradicionales y canciones de los Doors. P era mayor que yo. Era una adolescente rebelde en el pueblo porque usaba pantalones a la cintura y acampanados. 

El mundo giraba en el año 2002, pero en mi pueblo todavía parecía 1930. Ya lejos de la fiesta, de P y de mi pueblo, me obsesioné con los Doors. Recuerdo que el primer video que busqué en Napster fue Break on Trough. La mirada hipnótica de Morrison diciendo que atravesara a otro lado fue contundente. Poco tiempo después  encontré en la feria del libro que se hacía en El Llano, el libro de Jerry Hopkins, El Rey Lagarto: lo esencial de Jim Morrison. Me adentré así en su vida y en su conocida biografía.

Como nunca tuve talento para cantar y tampoco fui reconocido como el más bello, me quedó únicamente la poesía. Antes de Morrison yo imaginaba a los poetas como personas ancianas. Esas imágenes llegaron a mí por las monografías que tenía que comprar para hacer las tareas de historia. 

En todas esas imágenes aparecían hombres viejos y sin pelo. Parecía que para ser un hombre sensible uno debía quedarse calvo y llegar a los ochenta años. De tal manera que con Morrison descubrí ese otro lado del que Baudelaire hablaba, esa parte frenética y apasionada por ser tocado por la poesía. Lo que veo ahora y que no veía entonces es que ya en la época de Morrison no era suficiente escribir bien. 

En realidad ahora que lo pienso pocos poetas sobresalieron únicamente por escribir bien. Hay algo en el alma del poeta que lo empuja a intentar con otros destinos que después se disuelven en la poesía. 

Al margen de esos otros destinos se instala la actual necesidad de ser algo más, de revestir la creación poética con algo más, como si tener algo que decir, algo que escribir fuera insuficiente. En esta necesidad detecto una contaminación de la novedad. 

Por el afán de no repetirse, el poeta actual se arriesga a poner el valor no en lo dicho, si no en lo aparente. A partir de lo aparente podemos entender la labor de diversos funcionarios públicos, quienes aparentan ser escritores y de varios escritores que a su vez aparentan ser funcionarios. 

En el mundo de las apariencias podemos engañarnos todos. Ante el temor de caer en la repetición recuerdo las palabras de Saramago con motivo de un homenaje póstumo a Cortázar: “La belleza de las palabras repetidas no es menor a las que fueron dichas antes”.

Eduardo Ismael (Tequisistlán, Oaxaca, 1986), es un poeta y narrador oaxaqueño. Su obra ha circulado en periódicos como Noticias de Oaxaca; Despertar de Oaxaca; Revista Punto de Partida; El Imparcial de Oaxaca; Revista Tiempo de Derecho, entre otras.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.