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Vivir en Armonía: Erudición

Una fotografía del Diccionario de la Lengua Española, que ilustra el concepto de erudición para vivir en armonía.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Dr. Servando Nava Echeverría / Colaborador

Hay palabras extrañas, de difícil comprensión, de abigarrada pronunciación, pero cuando comprendemos su significado y nos percatamos de su importancia y de su alcance en nuestro hablar y actuar del día a día, entonces la adoptamos como parte de nuestro léxico cotidiano. Por eso hoy revisemos la palabra “Erudición”.

El Diccionario de la Lengua Española define el concepto de Erudición como “Instrucción profunda en varias ciencias, artes u otras materias, basada en el estudio y lectura de documentos y fuentes, resultando en un amplio conocimiento”; también se refiere como lectura docta y provechosa. Los sinónimos incluyen a conceptos como cultura, sabiduría y ciencia, mientras que incultura e ignorancia son los antónimos.

Erudición es el conocimiento profundo en alguna materia, disciplina o ciencia. Por eso, cuando buscamos respuestas asertivas con apego a la verdad, a la ciencia y a la Ética, debemos de recurrir a las personas eruditas en la cuestión investigada; pero ocurre con frecuencia inusitada, que tenemos mayor credibilidad al dicho de la vecina, del amigo ignorante y petulante, a los comentarios de WhatsApp o la madre de la información:” Facebook”. El mayor de los eruditos se llama Libro. Esto no significa que todos los libros los escriben personas eruditas, conozco libros de políticos que son verdaderas aberraciones plagadas de mentiras e ignorancia. Obviamente que la Erudición la concede una buena educación, donde se adquiere familiaridad amplia y documentada en temas universales o en contenidos de orden particular.

Este preámbulo viene a colación en virtud de que me llamó nuevamente la atención la palabra “erudición”, cuando incursiono en la lectura de un libro imprescindible “No soy un Robot”, el autor Juan Villoro. Plasmar la vastísima información que el autor contempla en su libro, fue derivado de que es un erudito en la materia. Seguramente leyó libros, artículos, tomó cursos, entrevistó expertos, porque lo que obtiene es un producto, que solo pudo ser elaborado por un erudito. La cantidad de citas, autores, libros, referencias, momentos históricos, son realmente apabullantes.

Es una reflexión documentada sobre los riesgos de estas tecnologías a niveles que no se habían concebido, en donde el mundo digital, sencillamente, cambió a la humanidad y lo más inquietante es preguntarnos, ¿Cómo será el futuro? Nos lleva el autor por senderos donde nos demuestra que el ser humano es cada día más irrelevante y las maquinas progresivamente van irrumpiendo y dominando el escenario humano. Un tema interesante que señala Juan Villoro, es como han afectado estos métodos cibernéticos a la lectura y nos dice que hemos pasado de las galaxias escriturales en la piedra, al papiro, para pasar a la galaxia de la impresión de los libros en forma masiva con la Imprenta de Johannes Gutenberg en Alemania alrededor de 1455 y finalmente arribamos a la Galaxia Digital, la que estamos experimentando actualmente. Se plantea el autor ¿Qué influencia tendrá la digitalización de la cultura con la lectura en los libros? En unos de sus párrafos del libro y en mención a la calidad de la lectura señala: “Lo mismo ocurre con la lectura. En las páginas web, el umbral de atención se reduce tanto que, si alguien permanece ahí durante cuatro minutos, eso se considera un éxito”. ¿Hacia dónde nos dirigimos como ciudadanos y como lectores? Y nos dice el autor: «Pasamos página gracias al siglo XII, leemos textos impresos gracias al XV, damos un clic gracias al XXI. La lógica de esa aventura depende de la manera de leer. [...] Las tradiciones que perduran no son las que se aferran al pasado, sino las que no olvidan su futuro».

Realmente es abrumadora la cantidad de comentarios y riesgos del uso de las tecnologías cibernéticas, fundamentalmente con el uso obsesivo del Smartphone de alta gama, vinculados obviamente a las redes sociales, propiedad de personajes multimillonarios de oscuras decisiones. El autor nos pone en alerta con experiencias tan diversificadas como, por ejemplo: nuestras fotografías digitales, las famosas selfis, en donde nuestro rostro anda por todo el planeta en manos de quien sabe quién. Nos toca el tema del aplanamiento de las emociones, en donde estamos tan adaptados a la violencia más horrible que la hemos banalizado y casi considerado como normal, cuando en forma abrumadora se nos informa, todos los días, de la matazón que traemos como humanos alrededor del orbe.

Señala Villoro: “Uno de los aspectos más extraños de la tecnología digital es que cuesta trabajo elogiarla con inteligencia. Apreciamos que funcione sin necesidad de adjetivos. Quien habla maravillas de su refrigerador parece un idiota”.

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