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Requiem por un joven poeta en el castillete

Foto(s): Cortesía
Redacción

Jacques Drillon/ Versión en español: Juan Carlos Cruz Rosas

 

El Requiem por un joven poeta de Bernd Alois Zimmermann, podría considerarse como una obra escrita por un viejo pronto a convertirse en cadáver. Habría que preguntarse entonces, ¿qué clase de música hacen quienes van hacia la muerte? Es una cuestión quizá solamente para el más allá o para reencarnados. En una figura joven, los rasgos son cambiantes, la materia parece continuar trabajando hasta cuajar los propios rasgos junto con la personalidad. Zimmermann llegó al fin de su vida, una vida en la cual él mismo eligió el final negando al destino esta prerrogativa ilegítima. Zimmermann ha escrito su música no sólo con los nervios y los huesos enteros, sino también con toda la grasa existente en el cuerpo humano, como testigo de la vida que percibió cerca de su carne.

Zimmermann ha dejado esa vida horripilante, espantosa, y su Requiem deja ver a los seres humanos como las ratas saliendo de sus casas en la madrugada para ir a vivir un infierno más terrible que el que han visto en sus pesadillas nocturnas, semejante a un grito de tortura. Zimmerman en su obra evoca las imágenes más atroces; Auschwitz, por supuesto, y el Auschwitz en su interior por el cual ha decidido aplicarse a sí mismo la solución final. 

El Requiem por un joven poeta, contiene diversos textos que contrastan, él los ha tomado de todas las épocas y de diversas lenguas: alemán, latín, griego, inglés, francés, húngaro, checoslovaco y ruso. Algunos de ellas proceden de los discursos de Juan XXIII, lo mismo que del presidente Mao (“La Revolución no es una cena de gala, es un acto de violencia por el cual una clase derrota a otra”), o de Boece o Shakespeare, igualmente de Gottfried Benn (“Ciertas tardes de la vida”) que de Maiakovski, de Essénine, de Pound, de Wittgenstein o de Dubcek; de los verdugos de la humanidad y de su víctima, estos textos que él superpone y encadena haciéndolos vociferar o cuchichear, según se trate, son como una inmensa red donde quedan atrapados todos los hombres. 

El Requiem por un joven poeta ha conocido un génesis muy complicado, caótico, hecho de abandonos y arrepentimientos. Como si el tema o, más bien, el proyecto hubiera debido aguardar una maduración difícil, sobrevenida por accesos y estirones. Los primeros esbozos datan de la mitad de los años cincuenta. Su realización fue interrumpida en varias ocasiones por otras piezas que el músico alemán debía escribir como por ejemplo, la ópera monstruosa Die Soldaten (Diario de un soldado). 

En 1966, añadió un pasaje más al Requiem titulado, “Frage: Worauf Hoffen” (“Pregunta: ¿qué esperar?”), añadidura realizada casi al borde del final de su vida, aunque el Requiem no fuera la última obra de Zimmeerman —lo fue en realidad Acción eclesiástica—, ya que cuatro años después, Zimmermann, católico y nacido en 1918 en Bliesheim, Alemania, se suicidó en agosto 10 de 1970. 

El Requiem es una obra reciente y ésta ni es su cualidad ni su defecto (Tristán también es reciente, y Breton y Clément Marot y también Auschwitz). La grabación discográfica no da cuenta de su obra ya que aplana todas las perspectivas espaciales (existe una versión de Gary Bertini por la casa editora Wergo, y Sony anuncia una versión por Michael Glelen), la versión estereofónica muestra sus límites, ya que el Requiem es una obra “lingual”, término tan transparente que no exige mayor explicación, debido a que la utilización vocal en diversas lenguas es fundamental en esta obra, sin embargo, pareciera que el Requiem fuese una obra tan excesiva que escapa a su género. Sin lugar a dudas una sala de conciertos es el espacio de su máxima apreciación, si tomamos en cuenta los elementos que la designan como una pieza oscura musicalmente hablando. Es necesario repasar el dispositivo impresionante que la compone y lo atestigua simplemente el título: Requiem por un joven poeta, lingual para narrador, solos de soprano y barítono, tres coros, sonidos electrónicos, orquesta, jazz-combo (formación pequeña) y órgano, sobre diferentes textos extraídos de poemas y documentos actuales.

 

*Tomado de Le Nouvel Observateur, Requiem pour un jeune poéte au Chatelet. La synphonie noire de Zimmermann. 1996.

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