Por Rafael Alfonso
“El ambiente en la cena se volvió denso. Su esposa hizo una pregunta trivial, pero para Julián sonó como un juicio. El silencio de la tarde se rompió. No respondió con palabras; golpeó la mesa con una fuerza innecesaria, haciendo que los vasos temblaran. En ese estallido, Julián no se sintió poderoso. Se sintió más pequeño que nunca, ocultando tras el ruido el hecho de que no sabía cómo decir ‘tengo miedo’".
Para el hombre (entendido como varón), la cobardía es una divisa, un rasgo que nos caracteriza, y que en no pocas circunstancias suele paralizarnos y paradójicamente volvernos agresivos en virtud que manifiesta nuestra hipersensibilidad a lo intolerable.
Al llamar a la cobardía "divisa", sugerimos que con frecuencia es el valor de cambio en nuestras interacciones sociales. Pagamos con silencios, con omisiones y con la conformidad para mantener un estatus de invulnerabilidad que, irónicamente, recorta nuestros límites y nos vuelve frágiles.
“Julián observaba el teléfono sobre la mesa de roble. Sabía que debía marcar, que pedir perdón era, por el momento, la única salida, pero sus dedos gruesos se negaban a moverse. En su interior sentía que no era falta de amor, sino aquel peso antiguo en el pecho: el terror a ser visto sin la armadura. En su parálisis, prefirió imaginar que ella era la culpable”.
No se puede ignorar el peso de la historia. Durante siglos, se ha idealizado la valentía como un rasgo inherente a la masculinidad, en los últimos cien años, disciplinas como el psicoanálisis se asoman al fenómeno de la cobardía masculina con frialdad quirúrgica para revelar su existencia y sus efectos.
“Julián se miró en el espejo del baño. El rojo de sus nudillos empezaba a apagarse. Por primera vez en años, no intentó ensanchar los hombros ni endurecer la mandíbula. Encorvó su espalda. Suspiró”.
La verdadera tragedia del hombre no es ser cobarde, sino vivir en la mentira de no serlo, convirtiendo su miedo en un arma que hiere a quienes le rodean y a sí mismo.
*Esta colaboración forma parte de la columna Lecturas para la vida.
