Rafael Alfonso
Entre las muchas genialidades de Cervantes que se objetivan en la mayor obra literaria de todos los tiempos, "El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", hallamos lo que tiempo después hubo de tomar el nombre de metaliteratura, la referencia a una obra o al quehacer literario dentro de otra obra.
Aunque el recurso está presente durante toda la novela, ocurre esto, con un tratamiento particular en la novela de "El Curioso Impertinente", que forma parte de los Capítulos 33 al 35 de la Primera Parte del Quijote.
Una curiosa comitiva conformada por el Cura, el Barbero y los renegados Cardenio y Dorotea, guiados todos por Sancho Panza, traen consigo a Don Quijote al que han convencido de abandonar una serie de degradantes penitencias que realizaba en la Sierra Morena para llamar la compasión de su Señora Dulcinea del Toboso; lo cual hace a imitación de Amadís y otros caballeros cuando sufren penas de amores.
La gentil Dorotea, personificando a la "Princesa Nicomicona", convence a Don Quijote de salir de sus penitencias, pues requiere de su brazo para dar muerte al gigante que ha usurpado el trono de su reino, Nicomicón. El verdadero propósito de esta farsa es regresar a Don Quijote a su hogar. De esta forma emprenden el camino y se ven precisados a descansar en la misma venta de donde nuestro caballero y Sancho ya se han ido sin pagar en una aventura previa.
Mientras Don Quijote duerme en un camastro, el Ventero hace de su conocimiento a la comitiva, que tiene en su poder una maleta olvidada por un huésped misterioso (acaso el propio autor) con tres libros y unos papeles sueltos, entre los que se encuentra la novela de "El Curioso Impertinente".
Nuestro experto literario, el Cura, sugiere echar al fuego aquellos fantasiosos libros para evitar que alguien más acabe como Don Quijote, lo cual no impide que dé lectura a la novela para solaz de sus compañeros de viaje. El argumento de aquel texto de autor desconocido es el siguiente:
Anselmo, recién casado con una bella y virtuosa mujer de nombre Camila, comunica a su amigo Lotario su deseo de saber hasta dónde llega la virtud de su mujer, y le propone la asedie amorosamente para comprobarlo, ofreciéndole todas las facilidades para tal propósito (o despropósito). Lotario, fiel amigo, trata de persuadirlo de su desvarío argumentando razonablemente que tal prueba, de salir airosa Camila, no le reportará más honra de la que ya disfruta y, por el contrario, perdería no solo la honra si la empresa revela algún rasgo de liviandad en su mujer. Tal es la necedad de Anselmo que Lotario accede pensando en principio cómo evitar el presunto asedio.
Pero siendo el hombre fuego y la mujer estopa, el perverso juego de Anselmo –que incluye largas ausencias–, da pie a que ocurra lo que, podrán imaginar, nadie quería que ocurriera y finalmente la virtuosa Camila y el fiel Lotario terminan siendo amantes casi a la vista del curioso pero impertinente marido.
A partir de aquel momento, la pareja debe ingeniárselas para que Anselmo tenga por cierta la fidelidad de ambos, montando para ello una verdadera comedia a la que ni siquiera le hacen falta los efectos especiales, presentando una acción tan vívida que bien podría tratarse, y al parecer así se ha intentado varias veces, como una obra teatral cervantina.
Genial, tanto en su tema como en su tratamiento, pero también por el mecanismo metaliterario mediante el cual, esta novela forma parte de la Novela principal, es esta narración una de las razones de por qué se dice que Cervantes inaugura en 1604 la novela moderna.
