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El lector furtivo: García Márquez, Premio Nobel de Literatura

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

Hace 40 años, un 21 de octubre de 1982, nos amanecimos con la noticia de que teníamos un nuevo Premio Nobel en Latinoamérica. Había pasado poco más de una década del Nobel de Neruda cuando Gabriel García Márquez se convirtió, oficialmente, en motivo de orgullo para millones de habitantes del continente, todo un acontecimiento.

García Márquez conoció el éxito literario en 1967, a raíz de la publicación de "Cien años de soledad", lo que dio un impulso retroactivo a sus libros anteriores (La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora) y sin duda apuntaló cuanto publicaría después. Justo un año antes de recibir el premio Nobel había salido a la luz "Crónica de una muerte anunciada".

Es interesante conocer la historia de los premios Nobel en Latinoamérica, comenzando  por el hecho de que la carta más fuerte que se ha tenido jamás, Jorge Luis Borges -un autor cuya  influencia es mundial y que al día de hoy sigue siendo venerado por generaciones de escritores de Latinoamérica y del mundo-, jamás lo ganó.

Atendiendo a una suerte de orgullo mal habido, a muchos mexicanos aún nos llena el hecho de que "Cien años de soledad" y algunas otras obras de García Márquez fueron escritas en nuestro país y que, de hecho, sus últimos días los viviera aquí también. Recuerdo claramente su estampa en mi libro de Español de enseñanza secundaria. Sin duda, era lo más cercano que teníamos a un Nobel mexicano, hasta que Octavio Paz obtuvo su presea en 1990.

Uno de los retos más grandes que tiene la Academia Sueca, encargada de fallar el premio, es lograr un consenso anual de quién posee los méritos necesarios para obtenerlo, lo que muchas veces da pie a cuestionamientos grotescos acerca de su forma de operar. En el caso de Borges, por ejemplo, mucho se dijo que si nunca se le otorgó el premio fue debido a causas políticas, en concreto por la visita que hizo el autor a Chile donde fue recibido por el dictador Augusto Pinochet, lo que le restó al argentino varios puntos para llevarse el galardón. Otra leyenda urbana cuenta que Borges lo hizo con toda intención, para asegurarse de nunca ser premiado y quedar así, más allá del Nobel.

Para muchos fans del autor japonés resulta increíble el desdén absoluto que se ha tenido por  la obra de Haruki Murakami, como cuestionable fue la decisión fallida de regalarle un Nobel a Dylan que no dudó en comportarse ante la Academia Sueca como todo un divo del rock que de forma displicente tarda en salir al escenario, cuando para muchos, los méritos de Leonard Cohen como poeta que hace canciones era mayor.

García Márquez como escritor se caracteriza por contar con una peculiar voz narrativa que no duda en hacer gala de un lirismo bastante efectivo e identificable, presente en prácticamente todas sus obras literarias, es decir, que se dejaba fluir y poco hacía por construir voces peculiares, como por ejemplo lo hace su amigo (examigo en realidad) Mario Vargas Llosa, galardonado en 2010.

En los motivos que cada año publica la Academia Sueca, se nos refiere que García Márquez se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente”.

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