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El lector furtivo: Albert Camus, sobrevivir a la peste

Albert Camus
Foto(s): Cortesía
Luis Ángel Márquez

Rafael Alfonso

 

Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, localidad de la Argelia Francesa. Fue criado en medio de la mayor pobreza, en un hogar que hoy llamaríamos monoparental. La madre, Catalina Elena Sintes, analfabeta de ascendencia española, tuvo que desempeñarse, al enviudar, en varios empleos para poder sobrevivir y mantener a su hijo de apenas un año de edad.

Como el padre de Albert, Lucien Camus, fue muerto en la guerra, el pequeño tenía derecho a una beca que le permitió cursar sus estudios primarios. El precoz talento del muchacho lo hizo ganarse el afecto de los profesores que siempre le impulsaron a seguir desarrollando su amor por las letras y el conocimiento. A la postre, este pequeño huérfano de la guerra, escribiría obras de teatro, ensayos, poesía y una de las narrativas más influyentes del siglo 20, en virtud de las tesis filosóficas que se inscriben en ellas; de manera que Albert Camus, siendo en principio un gran novelista, es reconocido plenamente como filósofo.

La precaria salud del argelino, aquejado de tuberculosis, no evitaron que participara activamente en la resistencia francesa que enfrentó a la ocupación nazi; tampoco le impidió viajar por Europa a manera de corresponsal de Le Combat, donde escribía artículos contra el totalitarismo. Camus decía, y es cosa de creerle, que con libertad la prensa podía ser buena o mala, pero que sin libertad solo había prensa mala.

Albert Camus ingresó a la élite literaria con su primera novela "El extranjero" (1942) en la que se narra un asesinato un tanto absurdo que desemboca en un juicio en el que detalles nimios, como el hecho de tomar café con leche el día de la muerte de su madre, pueden ser decisivos para juzgar la calidad moral de un hombre. En aquel mismo año sale a la luz "El mito de Sísifo", donde parece desplegar las bases teóricas sobre las que descansa su primera novela. Por cuestiones de contemporaneidad y de ubicación espacial -la Francia de la posguerra del siglo 20- y además, por la cercana relación que tiene con ciertos autores, el escritor argelino ha sido clasificado como “existencialista”, etiqueta que siempre rechazó; sin embargo, en su obra están presentes varios temas y propuestas que desembocan en esa escuela filosófica encabezada por Jean Paul Sartre y que agrupa otros nombres como: Simone de Beauvoir y Nicola Abbagnano. 

Adscrito al movimiento anarquista, del que no renegó, siguió escribiendo incansablemente y en 1947 apareció el libro que terminó por consagrarlo, "La peste", donde la peste negra, aquel obsequio de las huestes mongolas a la humanidad y que diezmó a Europa, sirve a Camus para hacer una alegoría del totalitarismo.

Trece años sobrevivió Camus a su propia peste. Amó y fue amado, aunque todavía haya que aclarar qué significa esto en términos existencialistas. También fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura (1957).

Iniciando 1960, tras unas felices vacaciones decembrinas, se despide de su amada María Casares, con esta enigmática pregunta: “¿Te imaginas que llegará un día en que estaremos separados?” Así, el hombre que dijo que no conocía nada más idiota que morir en un accidente automovilístico, murió en uno, a pesar de que contaba con un boleto de tren hacia París. ¿Tenía Camus el don de la clarividencia? ¿Conocía el novelista argelino su trágico fin? Con toda justicia habría que decir que no. Albert Camus solo sabía con certeza lo que muchos de nosotros preferimos ignorar: que algún día moriremos.

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