Rosy Vázquez J.
¿En qué momento el cine comienza a ser poesía? ¿O es la poesía la que transmuta a la pantalla y en aparente acto suicida borbotea en imagen, sonido y movimiento?
Catálogo mexicano de cine de horror, de Alberto Avendaño, contiene 43 encuentros poético-cinematográficos que se mezclan sin afán de herirse dentro de una conversación más amplia, guiada seguramente por un gusto impetuoso del autor por la invención de la imagen a través de la palabra.
La poesía canta y cuenta en sí misma; en ella habitan personajes, tiempos, silencios, colores, muertes, así como en cada una de las icónicas cintas cinematográficas elegidas para este libro. Cada poema contiene la esencia no de la cinta sino de la mirada del poeta sobre la cinta, emergiendo un nuevo poema entre la butaca, el lápiz y el papel.
Cito: “Vivimos en el recuerdo de un cadáver. Vivimos donde la representación de dios es un hombre que se desmorona como mierda. Vivimos en las calles derruidas: frases que se repiten contra el precipicio como el graznar de un zopilote encabronado. Vivimos en este pueblo donde no hay nadie salvo la nada murmurando el nombre de su padre”.
Encontramos poemas en verso libre de cortísimo y mediano aliento, según sea la impresión de la cinta o lo que menos duela develar de ella. Entre líneas el poema esconde lo que realmente quiere decir. Reza, oculta, grita y calla. Hay figuras literarias como la metonimia, la metáfora, la personificación, la sinestesia, la anáfora, entre otras. E incluso la colocación de los versos y las palabras predisponen el ritmo del lector/a y con ello la percusión de su respiración.
Es complejo separar el viaje poético que representa el cine, el buen cine, donde las imágenes contemplativas, hallazgos y miradas del mundo cantan a través del ritmo, la cadencia, el color, la postura del autor, quien elige del séptimo arte un género que es vida cotidiana para el ser humano: el horror, que dicho de la Real Academia de la Lengua Española refiere a un sentimiento intenso causado por algo terrible o espantoso, aversión profunda hacia algo o alguien, monstruo, atrocidad.
¿Qué busca hallar el poeta en el horror? ¿qué tiene de horror en sí misma la poesía? ¿a qué nos recuerda ese blanco y negro que tras la tormenta deja las voces colgando en el tendedero?
Cito: “El corazón de un hogar no son las personas que lo habitan ni los muros que esperan como arpías carroñeras la muerte de los recuerdos familiares hasta quedar blancos como la mente de la víctima después del crimen. La falta de valentía no está permitida en esta familia y los retratos no son bienvenidos en casa: porque el ciclo de la vida no necesita recordatorios y la muerte sólo es una extensión de la fiesta”.
El poema puede surgir de un sueño, de una voz tiritando en la esquina de la habitación, del recuerdo contado por un desconocido o de cualquier cosa que el poeta vea, cree o imagine. Pero siempre estará esa fuerza que le empuje a darle vida o muerte a su creación, según sea el caso. Avendaño es un tejedor de la poética del horror, mismo que hace unas líneas se planteaba como parte de un catálogo cotidiano de esa emoción que transita entre el pánico, la angustia y la incomprensión de la crueldad. El horror devela en sí mismo una de las estaciones evolutivas más sanguíneas del ser humano.
En cada trazo, en cada significante, el poemario se mueve, porque no hay otra forma de que la poesía exista sino a través del suicidio, de la oscuridad, del dolor. A escala de grises, azul marino, tonos sepia, el libro muestra con su tinte misterioso una sinopsis poética de una selección de piezas de cine que, además, encapsulan un momento: una desgracia, una locura, un acertijo; volviéndose un vehículo histórico, idiosincrático, parte del memorial de México, que podría, en mil años recordarnos lo que fuimos y dejamos de ser.
Este poemario es un acto artístico transdisciplinar y subversivo de un escritor no convencional que logra rebelar su inconformidad a través del lenguaje poético. La poesía migra de una hoja a otra, del papel al ojo, del ojo a la entraña. Nada es estático, ni la muerte ni el vacío. Por ello la poesía se erige como un campo de horroroso andar como en Catálogo de cine mexicano de horror, donde la imagen es acto sostenido por la palabra.
Julio, 2025. Chiapas, México.
