Gregorio Melgar Valdés
Era una tarde anaranjada, cuando el sol se empieza esconder tras las montañas y no es ni de día ni de noche; la gente sale de su trabajo y corre a descansar a su casa, sorteando el tránsito, que, por el tiempo, es tan pesado y largo como el trabajo mismo. Esa tarde, al llegar a su apartamento, Alberto advirtió que la puerta, aunque cerrada, no tenía puesto el seguro. ¡Alguien había entrado! ¿Un robo… aún estarían dentro?
Su esposa e hijos, habían salido fuera de la ciudad a un balneario de descanso, después de tanto encierro; él los alcanzaría el fin de semana.
Presionó el pestillo de la chapa y lo empujó lentamente, dio unos pasos dentro… ¡Todo en orden!, dejó su sombrero de fieltro sobre un pequeño mueble y tomó su portafolio como potencial arma, avanzó los pocos pasos que lo separaban de la sala y… ¡nada! Fue a la recámara de los niños; ¡todo en orden!, siguió unos pasos a su recámara…, lo mismo. Para entonces se había convencido que todo era un error de su parte: sin duda, había dejado la chapa sin seguro por la mañana, ¡y con lo que eso molestaba a Margarita su esposa!; aun así, la tensión le hacía fundar todo un acto de peligro. Dejó su “arma” en un sillón de la sala y caminó hacia la cocina a preparar algo para cenar; empujó las pequeñas hojas abatibles que fungían como puerta y, en un repentino movimiento visual, descubrió en una silla del pequeño desayunador, a una mujer elegantemente vestida, que lo miraba fijamente y sonreía. ¡Su sorpresa fue mayúscula!
¿Quién era? ¿Qué hacía en su cocina? A pesar de suponer algún flirteo o una broma, de algún compañero de trabajo que, hubiera mandado a la joven a provocarlo, algo no estaba bien, y no le gustaba.
Ella le sonrió fríamente; con la mano izquierda lo invitó a sentarse mientras con la derecha, sostenía una taza de aromático té que lentamente se llevaba a la boca, bellamente pintada de un discreto color rojo.
-¿Quién es usted y qué hace en mi casa?, ¿Cómo entró? Sepa usted que soy un hombre de familia, y no me hace ninguna gracia su presencia. Sírvase retirarse ahora mismo-. Le dijo a la dama, con un tono más de temor que de coraje.
La mujer se limitó a sonreír levemente y siguió disfrutando su bebida.
Continuará el próximo miércoles
