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Lecturas para la Vida: Titán de un ojo

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Daniela Clarisa Concha León

Hoy se cumplen cien vueltas al sol y sigo fingiendo dormir en esta peonía enorme y espinada. Puedo sentir cómo las espinas atraviesan mi gruesa piel, su aroma me intoxica, pero no me mata, ese es un privilegio que solo tienen los humanos, ellos cuentan con la gracia de acabar con su agonía en el momento que lo deseen.

Sin embargo, yo, eterno e indestructible, solo puedo soportar los irónicos castigos de Vent, cuidadora de humanos. Vuelta tras vuelta regresa a ver si aún sufro, finge que escucha mis súplicas y mis promesas de no volver a cometer aquel error… Querer ver más de lo permitido, de exceder el límite, caer en deseos humanos, querer ser uno de ellos y dejar de estar solo.

Me repite que finjo sentirme mal, o incluso haber querido saber qué es el amor, pues todos saben que yo sólo puedo sentir odio y provocar destrucción. Es por eso que permitirme ver más tiempo usando la luna causaba que los humanos tuvieran extrañas conductas, la culpaban a ella. Decían que, cuando estaba llena, era día en que aquello que llaman “demonios” poseían momentáneamente a las personas causando que su comportamiento fuera violento y lascivo, como si todo ello no existiera en su ser.

Fue la luna quien me acusó, todos saben que ella es una gran soplona, también es bien conocido que es a través de ella por donde los gigantes vemos al mundo terrenal, pues su forma y hora de aparición siempre nos ayuda a observarlos. Si alguien sospecha de nuestra existencia, solo basta con jalar una pequeña nube y ocultarla para ocultar nuestro ojo, el único ojo que compartimos. Cada gigante, titán o ente ciego puede utilizarla para, al menos, tener un poco de luz y visión de aquello que desconocemos.

He de confesar que si intenté en más de una ocasión destruir aquello que no tenía y quería, pensé que nadie podría intuirlo, grave error, Vent me seguía muy de cerca y hoy me tiene aquí atrapado, sin poder moverme u observar nada, y sin embargo, sé tanto como ella que si perdona no tendré piedad con los humanos y tampoco me podrán detener. Sólo espero el momento en que pueda escapar para continuar con aquello que hace tiempo eché a andar.

 

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