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Lecturas para la vida: Por lo que más quiera, ¡siembre árboles!

Foto(s): Cortesía
Redacción

Dina Ramírez Gutiérrez
 

Durante la temporada de sequía, Doña Rebe está como la tierra: en pausa. Se prepara para sembrar cuando llegan las lluvias, recolecta semillas de hortalizas, las planta al inicio de la primavera además de limonares, mangales, palmeras, guamúchiles, mezquites o cualquier semilla de árbol que llegue a sus manos para regalarlos, o venderlos, si fuera el caso. Llama la atención su patio porque ha convertido en maceta muchos objetos de uso cotidiano; entre los que más me han sorprendido puedo nombrar un bolso de dama y dos balones de fútbol que cuelgan armoniosamente de la pared.

En su casa ya no cabe uno más, quienes la visitan dicen que parece una selva aludiendo al espeso follaje de sus árboles, mismos que dejan caer sus frutos y hojas por toda la propiedad. Cierta vez la vi llegar con un montón de esquejes que trajo de un viaje a la costa, y al día siguiente ya estaban sembrados en botes de plástico, eran de ciruela, yuca y pitahaya. ¡Hasta semillas de huanacaxtle y guayacán trajo la señora!

En principio, sus hijos no habrían tenido árboles en sus casas si no fuera por ella, ya que su estrategia ha sido la siguiente: en la temporada de lluvias llega de visita con un árbol, o dos, a uno de ellos le llevó 8 árboles y ni modo de oponerse o “hacerle el desprecio”, los tuvo que cuidar porque además pregunta con frecuencia cómo van creciendo. Creo que su obra se completa con la ternura de Don Daniel, quien riega abundantemente, marca los cajetes y se niega a cortarles siquiera una rama porque dice que le duele hacerlo. 

Afortunadamente, como ellos, hay muchas mujeres y hombres que aman sembrar y cuidar árboles, pero no es suficiente. En Oaxaca como en todo el mundo, se talan más árboles de los que se siembran, con tristeza llegamos a ver como árboles muy viejos caen por las plagas y el mal tiempo como ha sucedido en el Zócalo y en el parque El Llano, o son talados para dar paso a la urbe. 

No se trata solo de sembrar, sino también de aprender a cuidar, nutrir, elegir el árbol (de preferencia especies nativas), el sitio, preparar la tierra y ordenar todo a su alrededor. Uno se debe informar si la raíz será gruesa o si es de copa ancha, verificar que no existan riesgos, contemplar que alguien deberá podarlo de manera correcta y enseñarnos a hacerlo por nosotros mismos.

Una muy querida amiga está próxima a celebrar su cumpleaños y como regalo nos ha sugerido llevar un árbol frutal; ¡qué encantadora iniciativa! Creo que en el mundo hacen falta más personas como ellas. ¡Anímese, siembre árboles!

 

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