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LECTURAS PARA LA VIDA: Los jóvenes y los quehaceres del hogar

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

 

En las charlas que esta semana llevamos a cabo con padres de familia, en el marco de nuestro dispositivo clínico social Infancia es Destino, solemos tocar un punto referente a la disposición de los niños y jóvenes hacia las tareas domésticas. Que un muchacho llegue a cierta edad y más allá de la pereza, no sepa “cómo entrarle” a ciertas tareas domésticas como barrer, trapear, lavar trastes o hacer la cama, es de llamar la atención.

Uno podría suponer, erróneamente, que es un problema que se centra en las clases sociales, y que esto sería privativo de personas cuya solvencia económica les permite contar con personal doméstico que se encarga de llevar a cabo la totalidad de aquellas labores, pero no es así. Desde nuestra clínica psicoanalítica nos podemos dar cuenta de que en los estratos con economías populares también se está dando este fenómeno.

Aunque está íntimamente relacionado con la pereza, una cosa no es exactamente igual a la otra, es decir, no es lo mismo la expresión “no tengo ganas de llevar a cabo esta tarea” que “no puedo o no sé cómo hacerla”. En años recientes hemos visto que se incrementa el número de adolescentes, y aún de jóvenes adultos, que se muestran poco hábiles para llevar a cabo sencillas tareas cotidianas, pero ¿cómo sucede esto en los estratos populares, donde la economía no permite la contratación de personal doméstico? y más importante aún, ¿qué efectos tiene esto en la psique de nuestros jóvenes?

En ocasiones, convencidos de que las tareas escolares o el descanso del niño son más importantes que la realización de cualquier labor doméstica, muchos padres (principalmente madres de familia) eximen a sus hijos de dichas labores. Otras veces, los padres son los primeros en reconocer la torpeza de sus hijos y prefieren hacer ellos mismos las cosas, antes que lidiar con la falta de pericia de sus vástagos y terminar fastidiados.

Es innegable que la atención del hogar, así como su orden y limpieza son hábitos más que necesarios para gozar de una buena calidad de vida, y sin embargo, no se está procurando en los jóvenes la adquisición de estas habilidades, lo cual los condiciona a ser dependientes de alguien que sí pueda llevar a cabo esas tareas.

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