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Lecturas para la vida. El estafador de Tinder

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

Hace algunos años, a raíz de una película documental, cobró relevancia un personaje conoció como “El estafador de Tinder”, un sujeto cuyo carisma le granjeó la confianza de cientos de mujeres a las cuales estafó con sumas económicas que rayan en lo increíble. Para poner en antecedentes a quién no conoce del tema, el nombre de este delincuente es Simon Leviev, y está acusado de solicitar préstamos de miles y hasta millones de dólares a varias mujeres que conoció en la aplicación de citas, que por supuesto, no pagó. Hoy mismo, tras su exposición en los medios y una temporada en prisión, ha aprovechado su fama para hacer de “influencer", mientras que sus víctimas, después de su valiente denuncia, han sido tachadas de “arribistas” o “crédulas”, en el mejor de los casos.

El estafador utilizaba a su favor algunos rasgos de la psique de la mujer para obtener un beneficio económico. Dichos rasgos podríamos enumerar someramente como: investir al objeto de su amor con cualidades que no siempre corresponden a la realidad; la tendencia a elevar sus expectativas en cuanto a la realización y el alcance de los afectos, y, por último, la suspensión del juicio crítico, lo que —en el caso que nos ocupa— impidió a las víctimas percibir algunas señales de alarma que hubiera podido anticiparles la situación a la que serían sometidas.

Estos rasgos se acomodan o se empatan con los rasgos propios de la sexualidad masculina: como la búsqueda continua de placer, la tendencia a cierto ensimismamiento y, aunque a veces parezca increíble, la vanidad. Si bien es cierto que no podríamos adjudicar a todos los hombres la intención de delinquir, no es extraño que las mujeres se sientan decepcionadas después de depositar grandes expectativas en alguna relación.

No se trata, he de aclarar, de falta de inteligencia, de capacidad crítica o de ignorancia. Son vivencias que sufren de manera cotidiana mujeres de todo el mundo sin importar su formación profesional, su solvencia económica o su militancia ideológica. Estos conflictos forman parte de la vida psíquica cuya naturaleza está enraizada en la fisiología y en la sexualidad humana. Una forma de acceder a la comprensión de esta vida anímica la ofrece el psicoanálisis.

 

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