Jesús Antonio Martínez Carrasco
Mauricio era una persona que cultivaba agave en grandes extensiones de tierra. Su actividad le permitía tener una pequeña fábrica para producir mezcal que vendía en distintos lugares de Oaxaca y cuyo producto pudo distribuir en otras ciudades de estados aledaños.
Otra de las pasiones de Mau, como le decían sus amigos era viajar. Hace 10 años decidió emprender su primer viaje al extranjero. Algo que había pensado hacer años atrás, sin embargo, no hablar el idioma del país que le atraía visitar, le permitía justificar el aplazamiento de su viaje. Finalmente pudo llevarlo a cabo hace una década en compañía de su hermano menor a quien había invitado.
En uno de sus días en la ciudad de Osaka, Mauricio y su hermano probaron una de las bebidas populares del país nipón. Mientras Mauricio disfrutaba bebiendo sake, veía que en el establecimiento donde se encontraban había personas oriundas del lugar sorbiendo con gran deleite dicho brebaje. Después de su momento de contemplación le dijo a su hermano que le había venido a la mente el deseo de exportar su mezcal a estos lugares, que tan pronto regresaran a Oaxaca tendría que poner manos a la obra para realizar dicho plan.
Al regreso de su viaje, Mauricio hizo las investigaciones pertinentes para saber lo que tendría que realizar para llevar a cabo su objetivo. Se puso al tanto de los requisitos para poder exportar su producto y diseñó ideas para aumentar la producción tanto de los cultivos como de la fábrica, entre otros menesteres. El primer año el deseo permanecía vivo; sin embargo, después del segundo año el entusiasmo se fue disipando por las actividades diarias que demandaban su atención y decidió dejarlo como parte de los planes para el año venidero.
Hace 3 meses Mauricio volvió a viajar a Osaka, en esta ocasión su hermano menor lo invitó a pasar unos días en dicho lugar para celebrar su boda con una mujer de esa ciudad. Al día siguiente de la celebración de las nupcias Mauricio decidió regresar al mismo establecimiento donde había probado el sake. Pidió la bebida y después de darle el primer trago, vio estupefacto que en la barra se encontraban dos botellas grandes de mezcal y a tres hombres que degustaban con apasionamiento dicha bebida. Mauricio dijo de manera afectada
—¡No puede ser, no puede ser! ¡Me dormí!
