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Lecturas para la vida: Cartas del doctor lector / Carta a una bebé sin nombre

Foto(s): Cortesía
Redacción

José Luis Ortega González
Querida pequeñita:

Cuando tengas la edad suficiente para leer esta carta, no sé si estaré aún presente para aclarar y comentarte algunas cosas que aquí te escribo, así que voy a tratar de ser lo más conciso posible.

Primero, quiero que sepas, que tu nacimiento fue un evento especialmente inesperado, lleno de sentimientos encontrados. Llegaste a este mundo, después de solo veintisiete semanas en el vientre de tu mami, en vez de las cuarenta que normalmente deben transcurrir para que pueda nacer un bebé. Una emergencia en el cuerpo de tu mamá hizo que todo el esfuerzo médico se concentrar en salvar su vida. Fue así, como volaste, de Ciudad del Carmen, al puerto de Veracruz, donde los servicios médicos de la Armada de México tienen un hospital de alta especialidad para atender casos como el suyo.

Llegaste y naciste el mismo día en que surgieron los datos de alarma. Mamá salió muy bien librada de la operación.  Solo que, por ser tú tan pequeñita, tus papás recibieron la noticia de que, aunque habías nacido estable, les recomendaban no albergar demasiadas esperanzas contigo. Al nacer a las 27 semanas, pesabas apenas un kilo, lucías frágil y con dificultad para respirar. Te llevaron a una incubadora, que es como una caja transparente, donde te dieron el calor y la humedad necesaria para tu cuerpo, en la unidad de cuidados intensivos para recién nacidos prematuros, ahí había muchos bebés como tú. 

Así empezó, hace un mes y medio, tu gran odisea. Pasaste los tres primeros días, conectada a un respirador artificial. Te pasaron alimento a través de una vena. Mientras escribo estas líneas revivo esos momentos de incertidumbre.

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