José Luis Ortega González
Querida pequeñita:
Ahora todos estamos más tranquilos.
El mejor momento fue que en pocos días, empezaste a recibir con ayuda, leche de tu mami. En estos días, cuando te escribo, ya eres capaz de mamar directamente del pecho.
La atención, por parte del personal del hospital, siempre esmerada, ayudó a descubrir un pequeño conducto, un vaso fuera de tu corazón, que pasaba sangre de más a tus pulmones y amenazaba con crear problemas respiratorios. Te dieron medicamento para esto y venciste al conducto anormal. Los ultrasonidos de tu cerebro han mostrado que no tienes ningún daño.
Desde tus primeros días de vida, mami pidió a los médicos que le permitieran cargarte, pegadito tu cuerpo, tu piel, a la de ella.
Después de seis semanas, aunque bajaste un poco de peso al principio, ya pesas un kilo con ochocientos gramos.
En los años en que he trabajado como pediatra, algunos de los pacientes que más he admirado y considero muy especiales, casi milagrosos, han sido mis pacientes prematuros. Debo confesarte que no siempre podemos entregar buenos resultados. Hay tantas cosas que pueden salir mal con un pequeñito prematuro…Pero tú mi pequeña, has podido sortearlo todo.
Me siento muy orgulloso de ti, porque naciste a unas cuadras del hospital donde yo nací, hace muchos años. Eres de manera fortuita, mi paisana, además, eres mi nieta y admiro tu fortaleza, tus ganas de vivir y cómo has ido enfrentando tantos peligros y adversidades. Has superado en escasas semanas, más obstáculos, que los que muchos enfrentamos en toda una vida. Después de esto, nada podrá detener tu empeño por disfrutar de la vida.
Te lo has ganado.
Tu abuelo
Dr. José Luis Ortega González, médico pediatra
