Por Isabel Guzmán Ruiz
Apreciables lectoras y lectores, no quiero que termine el mes y dejando pasar la oportunidad de platicarles de mi bisabuela y al mismo tiempo de mí. El pasado 15 de febrero se cumplieron 19 años de que dejó su herencia en manos de las generaciones más jóvenes, así que, esta nota está dedicada a ella y a todas las que dejan un gran legado que el tiempo no puede sepultar.
Hay ausencias que pesan, pero hay otras que se sienten como un aroma constante en la cocina, como un eco de pasos que uno jura escuchar cuando la puerta se abre. A pesar de que se cumplieron 19 años desde que mi bisabuela partió, si cierro los ojos, todavía puedo sentir ese refugio que ella construía con sólo encender el fogón.
Solemos pensar que la educación ocurre bajo la luz de un aula o en las páginas de libros costosos, pero hoy, con los años encima y la vida recorrida, entiendo que las enseñanzas más vitales, esas que te salvan del abismo, no las tiene ningún colegio, ningún curso y ninguna carrera universitaria. El verdadero doctorado en la vida me lo dio ella, entre el aroma a café, el humo de la leña, el rastro de la masa en sus manos al hacer tortillas y esa sonrisa inmensamente tierna que siempre nos brindaba.
Mi bisabuela pertenece a esa generación de mujeres que no sólo cocinaban con una sazón excepcional, sino que alimentaban el espíritu para la batalla. Su comida no era sólo sustento para el estómago; era amor, fuerza y medicina que hacía sentir el verdadero calor de un hogar. Cada plato se acompañaba de una instrucción silenciosa, una lección de vida que no necesitaba palabras. Ella ponía ante mí sus manos cansadas pero firmes, diciéndome sin hablar que la constancia y el esfuerzo son los mejores ingredientes. En ese plato estaban servidos su ejemplo, sus bendiciones, que hoy me protegen, y ese cuidado minucioso que sabe dar quien ha aprendido que la vida es una lucha que se gana cada día.
Mi bisabuela me enseñó que comer también es un acto de respeto hacia una misma, hacia el esfuerzo y hacia las raíces de quienes ya no están físicamente, pero cuya herencia corre por nuestras venas a través del recuerdo, los sabores y los aromas de la cocina.
Continuará el sábado…
