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Tía Ninfa

Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

DENARIOS

Petra

“Una lluvia de pétalos multicolores mecidos

por la brisa, cae despacio sobre el féretro”.

 

San José del Pacífico, Oax., a 7 de octubre de 2021

Tía Ninfa:

Las lluvias, como cada año, han engalanado con todo el verdor y demás colores imaginables su rancho y su maravillosa vista al pueblo; sin embargo, en el canto de los pájaros y el vuelo de las mariposas se siente cierta tristeza. Están enterados de que hoy, tía, su vida física se apagó.

La veo tendida en su último lecho, con su carita pálida, envuelta en su rebozo de bolita azul oscuro, un paño que la acompañó siempre, no solo en el frío o en el sol, sino también en los momentos tristes y en los alegres de su vida que, afortunadamente, fueron los más.

Su imagen hoy, me hace recordarla en sus años de plenitud, cuando veníamos al pueblo y usted nos recibía en su casa, siempre con gestos nobles y desprendidos. Nunca faltó la taza con café y el pan serrano, una tortilla recién hecha, la chilmolera rebosante de salsa de tomate asado, ajo y chile tusta, para acompañar el almuerzo, la comida o la cena, según fuera la hora en que intempestivamente llegábamos.

Recuerdo sus amenas pláticas y anécdotas que siempre terminaban con alguna frase llena de cocimiento de la vida; también, el orgullo con que habló siempre de su difunto esposo, la sonrisa franca y divertida, sus mejillas coloreteadas por el frío, las trenzas perennes, daban cuenta de su vida feliz y fértil.

Once hijos parió su fecundo vientre. Su estirpe quedó asegurada hasta la cuarta generación. El patio de su casa, tía, luce engalanado, como usted quería. Todos sus hijos están aquí, salvo uno de los varones, al que usted anticipadamente lo dispensó por su ausencia.

Las personas que vinieron a acompañar a sus hijos en esta despedida, hablan de algo en común, su entereza y su fuerte carácter, con los que logró mantener unida a su familia después de la muerte de mi tío. Usted terminó de guiarlos por el camino de la vida honrada y digna. Esto, es algo que nos consta a todos.

Inexorablemente, la imagino como era cuando se casó con Emigdio, el hermano de mi mamá. Ella me contó que era usted una niña, que apenas había cumplido los 14 años. Ahora se va, con 85 años vividos plenamente. ¡Qué bueno que la vida no le impuso la crueldad de una postración prolongada! También en eso su destino la complació. 

Las notas de la música de banda con la que sus hijos la despiden —alegres unas, tristes otras— recorren el camino de su bonita casa color amarillo al camposanto del pueblo. El viento, suave y frío que recorre la montaña, anuncia la proximidad de la fiesta para los fieles difuntos. Dice la tradición, que este año, usted no vendrá, será hasta el próximo que el altar será puesto en su honor. Fue una vida plena la que afortunadamente usted vivió. Nos alegramos por eso. En algún momento, nos volveremos a encontrar.

Descanse en paz, tía Ninfa.                                                                    

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